Mente en llamas (la gran desconocida ansiedad)
El ser humano tiene dos partes fundamentales en su cuerpo, o eso creo yo, una de ellas es el corazón y otra el cerebro. Ambas están conectadas, y funcionan como un engranaje.
Pero yo, en este caso, quiero centrarme en explicarle al mundo lo que pasa cuando la mente está en “llamas” y no te da opción a llevar una vida igual que las demás personas.
Me gustaría empezar respondiendo a un par de preguntas que pueden o no ser la clave de este relato: ¿Se es normal por estar loco, o estás loco por ser normal? Vivimos en una sociedad llena de estigmas que ojalá algún día desaparezcan, pero para ello debemos luchar mucho y dedicarle esfuerzo. Respondiendo a la pregunta, creo que hace falta una pizca de locura para poder vivir, disfrutar, enamorarse, reír, soñar, viajar y una lista interminable de etcéteras. El problema viene cuando esa pizca de locura se convierte en enfermedad, que hablaré más adelante sobre ello.
Por otra parte, ¿qué es la felicidad? No sé vosotros, pero esas nueve letras rompen todos mis esquemas. Pero, a mí parecer, la felicidad son momentos, no puedes ser feliz siempre, al igual que es imposible no encontrarla en algún momento de la vida. Aquí está el quid de la cuestión, simplemente con un beso de verdad, un abrazo en el momento adecuado, una caricia, una noche de locura, unas cervezas con tus amigos o simplemente mirar durante unos segundos a la persona que quieres son momentos de plena de felicidad.
Avanzando en la historia, más bien en mi vida, os quiero hablar de la ansiedad, para algunos una palabra desconocida, para otros por desgracia una palabra que les persigue día sí y día también. ¿Qué es la ansiedad? No voy a utilizar términos enfermeros en mi caso, pero es que es muy simple de definir, es cuando una parte de nuestra mente acumula pensamientos, vivencias y reflexiones que no puede dejar de pensar. Algunos pensaréis que esto no es nada del otro mundo, pero os aseguro que para algunos esta palabra te persigue. Cierto es que la ansiedad en su justa medida es necesaria para vivir, el problema es cuando ella te domina a ti y ya no tienes escapatoria alguna, dirige tu vida y se apodera de tu cerebro.
Empecemos por el principio, ¿no creéis? Vamos a analizar esta palabra un poco más para poder llegar a una conclusión, o no. La ansiedad llegó a mi vida como un huracán, llevándoselo todo por delante y sin preguntar. Al principio no entendía por qué me había elegido a mí, luego más adelante me di cuenta de que no estaba sola en esta lucha.
Cuando la ansiedad llama a tu puerta puedes hacer dos cosas, enfrentarte a ella, aunque no la conozcas, o dejar que guíe tu vida. Yo voy a explicar esta última opción, que es la que me ha tocado vivir. Voy a desenmascararla paso a paso.
¿Qué se siente la primera vez que tienes ansiedad? Creo que es la respuesta más fácil de este relato: tu mente te hace creer que te vas a morir, que ya no hay vuelta a atrás y que no lo vas a poder superar. ¿Es cierto? Cuando empiezas a conocerla, a convivir con ella, y con sus síntomas, te das cuenta de que todo está en tu mente, que te está tendiendo una trampa.
Cada persona vive la ansiedad de maneras muy diferentes, pero poniéndonos serios, no es una simple imaginación, sino una enfermedad mental que puede trascender a lo largo de toda tu vida. ¿Y sus síntomas?, pensaréis algunos desde la ignorancia. La ansiedad aparece cuando menos te lo esperas, te deja sin respiración, pone tu corazón a mil revoluciones por minuto, te hace ver las situaciones de otra manera e incluso en casos extremos como el mío hace que me desmaye día sí y día también.
Es el momento de presentarse, soy una chica de 21 años con muchos sueños y muchas metas en la vida que lleva nueve años luchando contra esta enfermedad y os aseguro que he intentado de todo, así que creo que este relato puede ser una autoayuda para quien tenga intriga de leerlo y para mí. Como cualquier chica de mi edad, me gusta pasar tiempo con mis amigos, con mi familia, salir, viajar y disfrutar lo máximo posible, pero cuando te diagnostican ansiedad generalizada de grado extremo las cosas cambian.
La vida se convierte en una lucha continua, día tras día, noche tras noche, cuando el reloj marca las siete de la mañana y nos has conseguido pegar ojo en toda la noche, porque ella estaba ahí, procurando que tu cabeza no dejase de darle mil vueltas a todo.
Salir con tus amigos se convierte también en un momento de riesgo, sobre todo cuando eres la única del grupo que no puede beber porque tienes que tomar unas pastillas que engañan a tu cerebro para que al menos te deje un par de horas de descanso. Pero en ocasiones esa ansiedad es tan fuerte que te obliga a hacer cosas irresponsables, a querer ser como los demás y a hacer cosas que no deberías. Y piensas: “¿Por qué no?”. Porque en tu mente y en tu cuerpo va a tener unas repercusiones que harán que tu enfermedad empeore.
Llegas a poner en una balanza si la vida así tiene sentido, y en ocasiones tu mente no apuesta porque continúes, es doloroso decirlo, pero mucho más pensarlo. Pero en ese momento, hay que intentar frenar, tomar aire y seguir adelante, y pensar que mañana será otro día. ¡Ja! Suena tan fácil decirlo y tan difícil hacerlo.
Si me permitís, os voy a poner un ejemplo: me considero una persona que ha entendido su enfermedad pero que de momento no ha conseguido superarla. Y a día de hoy sigue dando mucho miedo, porque sigue dominando mi vida. Pero creo que una de las cosas que me llevan a seguir hacia delante es mi sueño, ser enfermera. Y pensaréis, ¿cómo? Pues parece una locura pero tengo la capacidad de escuchar, empatizar y ayudar a otras personas aunque no tenga ni idea de cómo resolver mis propios problemas.
Porque la ansiedad es eso, acumulación de pensamientos que se quedan estancados, sin resolver, sin salir a la luz, que te hieren y te atormentan.
Con esta historia quería dar a entender que el mundo está lleno de enfermedades, gente enferma con muchos problemas, pero que no por tener un cáncer tienes peor calidad de vida que una persona que padece ansiedad. Cada persona lo vive de una manera, pero los pacientes de salud mental exigimos, en mi caso, que se nos entienda, sobre todo con una enfermedad desconocida como es la ansiedad.
Como reflexión final me gustaría decir que no estás solo, si tú, personita que estás leyendo este relato, siempre habrá una persona que esté peor que tú. Y que hay que seguir luchando, yo en mi caso lo tengo muy claro, no voy a dejar que la ansiedad haga un jaque mate en esta partida de ajedrez que es la vida, tenemos que intentar ser los reyes y reinas del juego.
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