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Historia de hospitales: gestos insólitos

6 de Septiembre del 2019 - José María Izquierdo Ruiz (Oviedo)

Digo la misma verdad que dirían por mí Agamenón o su porquero, porque desde hace décadas no tengo afinidades políticas, pues me parece que los intereses que unen a los partidos de hoy son más que los que los separan. No se vea, por tanto, en estas líneas partidismo alguno, sino reconocimiento de unas actuaciones meritorias, por positivas e insólitas.

En los años 1976 y 1977, justo antes de la llamada transición democrática, era presidente de la Diputación de Asturias Juan Luis de la Vallina Velarde, ya fallecido. Lo reseñable, por novedoso, es que un día convocara al director médico y a los cinco jefes de departamentos médicos –elegidos por los facultativos de cada departamento– para pedirles consejo sobre su propósito de cesar a un mando del Hospital General de Asturias. Recuerdo bien que uno de nosotros defendió al interesado y otro apoyó con vehemencia su cese; precisamente tal médico era de afinidad socialista, como se creía lo era el mando cuestionado. Los otros cuatro fuimos neutrales, dejando la decisión en manos del Presidente, puesto que el interesado –según se nos dijo– tenía un contrato blindado que contemplaba una compensación económica en caso de ser cesado. Producido el cese, dicho mando recuperó su cargo anterior cuando, años después, el Gobierno del Principado cambió de signo.

El otro caso que, sin certeza plena, creo que también fue obra del señor De la Vallina no requirió nuestra personación en la Diputación, sino que fue intermediado por el director médico. Había una jefatura médica vacante y un solo candidato académicamente muy documentado pero, a nuestro juicio, sin suficiente experiencia práctica para aquel puesto. En este caso sí que hubo unanimidad en que la plaza quedara vacante, en espera de un mejor candidato que, tiempo después, resultó ser un colega español, muy competente y querido, que se había formado en la popular ciudad americana de Milwaukee y que siguió en el HGA hasta su jubilación.

Cabe añadir que este somero sistema de selección de médicos, sin siquiera una entrevista ni un examen teórico ni práctico, era muy inferior al de los años sesenta, con don José López Muñiz al frente de la Diputación de Asturias, y tradicional en los hospitales de España: la clásica oposición pública.

Poco después de la Transición, los citados puestos de jefes de departamento desaparecieron en el HGA y fueron sustituidos por subdirectores médicos designados por la alta dirección. También desapareció la junta facultativa, nacida en 1962, a la par que el Hospital, y que, aunque carente de capacidad decisoria, tenía una eficaz misión de información, de asesoramiento técnico, de crítica y de debate ante la gerencia en reuniones mensuales. La política, que hasta entonces se había quedado puertas afuera del Hospital, empezaba a penetrar en él y a influir en su actividad técnica.

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