Medalla de oro al despilfarrador Tini Areces
En la Asturias endogámica y sumida en una decadencia permanente, tras cuarenta años de nefasta gestión socialista, latrocinios y demás despilfarros, no podía ser de otro modo. Quienes hicieron las veces de lacayos, ahora subidos en el podio del poder, son los que fabrican sus propias medallas. Tini Areces tiene buena parte de culpa de todo ello, arruinando a Asturias en sus trece años de desgobierno. Sus agujeros negros continúan colocando a nuestra región en la cola de los peores registros de España. La región con mayor precariedad laboral (con Areces y Graciano Torre llegamos casi a los 100.000 parados), la más envejecida del mundo, la peor comunicada por tierra, mar, aire y AVE; la región más arruinada por la incompetencia de sus desgobernantes políticos y ladrones sindicaleros, es la que ahora le concede la medalla de oro a Tini Areces.
En su cuenta particular, un cúmulo de desatinos y despilfarros que no caben en esta sección, destacan: el Niemeyer (con Natalio Grueso a la cabeza, robando a manos llenas); el "caso Marea" (con el íntimo amigo de Areces, el también excomunista Riopedre e hijo), robando por un valor de más de 6 millones de euros; o el sindicalista Fernández Villa, otro ladrón de altura, a la sombra de Areces, y que no son más que pequeños detalles de transigencia y despilfarro del erario autonómico, con la anuencia y los nombramientos de Vicente Álvarez Areces.
Y no se cortó un pelo. Empezó colocando de modo ilegal a su esposa Soledad Saavedra al frente del Instituto Adolfo Posada (el que nombra a todos los altos cargos de la Administración de Asturias), un puesto para el cual la señora de Areces no estaba titulada; concedió, sin rigor alguno, casi 20 millones de euros a las empresas Alas Aluminium, Diasa, Kerkus Metals o Venturo XXI, que al poco tuvieron que devolver, por incumplimientos laborales; nombró "digitalmente" a casi 1.400 altos cargos (directores generales, jefes de servicio, etcétera) cuya irregularidad todavía está en proceso judicial tras una primera condena); nombró defensora de Asturias a María Antonia Felgueroso, cuyo currículo como jurista cabe en un sello de correos y con el único mérito de ser la hermana de la entonces alcaldesa gijonesa Paz Felgueroso (posteriormente, dicho cargo, por inútil, fue suprimido); compró por una cantidad astronómica un ruinoso edificio en Bruselas para, supuestamente, ser la sede de Asturias en Europa, en los tiempos gloriosos de Antonio Masip como eurodiputado. Al poco tiempo, dicho inmueble, que había albergado a un antiguo periódico comunista (tal vez en un ejercicio de nostalgia arecista), tuvo que ser malvendido. En una operación muy parecida, compró otro edificio en la capital madrileña, para, también supuestamente, ubicar allí una sede asturiana con nombramiento de Delegado de Asturias en Madrid incluido, y con sueldo millonario, claro. A los pocos meses dicho edificio también fue mal alquilado, por innecesario y ruinoso. Por si fuera poco, los desmanes en la construcción del HUCA, y de El Musel, fueron la excusa perfecta para añadir un impuesto más, el céntimo sanitario. En el caso de El Musel, sirvió también para importar, fraudulentamente, carbón desde Polonia, y meterlo por la parte de atrás en la Mina de La Camocha para seguir engañando y cobrando ayudas del Estado. Es decir, fue el gran "valedor" de las cuencas mineras, cuya carga de millones y despilfarros en la supuesta reindustrialización, no han conseguido más que ruina, fraude, y despoblación.
Y Areces, "el guerrero Areces" siguió adelante. En los supuestos años de "grandeza", es decir de total despilfarro, compró a cargo del Principado una flota de coches Fhanton (costaron más de 100.000 euros cada uno), para que sus consejeros recorrieran Asturias. Al poco tiempo tuvo que mal venderlos. También multiplicó las soldadas de los entonces directores regionales, pasando a la categoría de directores generales (los que todavía ahora están en entredicho). Otorgó de modo irregular ayudas para formar a parados, en centros formativos que no reunían las condiciones exigidas (según la Justicia). Mientras, maltrató al profesorado de Enseñanza Secundaria, sin opción alguna, ni de optar a cátedras, ni de acceder al segundo y tercer tramo de la carrera profesional. Todo ello, claro, con la anuencia de la sindicalería de enseñantes, es decir de los profesionales alérgicos a la tiza.
Al final de su mandato como desgobernante de Asturias, Vicente Álvarez Areces llegó a tener un montón de equipamientos (instalaciones deportivas, servicios y museos, centros de interpretación etc), sin terminar o sin utilizar, por una valor de casi 30 millones de euros. Entre los más sonados y sólo en las cuencas mineras: el Hospital de la Fauna, el Geriátrico de Sotiello, el Museo del Movimiento Obrero, el Museo de la Lechería, el Museo de La Carisa, el Parador de Brañagallones, la Ciudad del Tenis, el Ecomuseo Coto Musel, de Pola de Laviana, el Centro Stephen Hawking, y un larguísimo etc. que, insisto, no cabe en esta sección. ¿Quién da más? Pues quien da más es el Gobierno de Asturias, cuyo presidente, Adrián Barbón, es capaz de darle una medalla de oro a Tini Areces. Muy agradecidos, y que Dios (desconozco si creía o no en ...l, yo sí), le dé el perdón y el descanso eterno.
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