Respuesta al extraordinario corazón de Andrea
Andrea L. C.: Me ha impresionado tu carta. Yo no entro nunca en las redes, pero esta vez lo he intentado, y... no lo he conseguido, no me queda más remedio que abusar de la paciencia de este magnífico y desinteresado medio, LA NUEVA ESPAÑA, tenía que buscarte para darte las gracias.
Regresé ayer de estar unos minutos con mi hermano en un hospital de Madrid. Sufre una pancreatitis, está inconsciente, entubado y cosido a todos los chismes que te puedas imaginar, incluida la máquina para diálisis. Al llegar, me enteré de que mi mejor amigo acababa de morir aquí en Zaragoza. Esta mañana he recogido a una nieta a las 7.30 horas (sus padres trabajan y la abuela tenía una obligación esperando), se ha quedado dormida enseguida y he aprovechado para leer algunas de las cartas de LNE. Yo también envío mis misivas casi regularmente.
No solo te entiendo por el momento que atravieso, sé lo que es la ansiedad, y se lo que es ocultarla de modo que no afecte a otros que se apoyan en uno. Yo he sido siempre muy fuerte, pero desde hace unos años, la alegría, la paz y la concentración mental que te pueden llevar a donde tu quieras se han descontrolado y me abandonan al borde del abismo. Nadie a mi alrededor lo sospecha... Yo... sigo siendo el hombre fuerte entre mi familia, mis vecinos, mi legión de maravillosos amigos y mis enemigos.
¿Qué me sostiene? Te lo digo, soñando con que te sirva de algo, porque cada persona es un mundo, pero me haría mucha ilusión que pudiera servirte, y si, quizás haya algo de egoísmo en esa ilusión, pero no puedo resistirme.
Verás, yo soy una persona desengañada del sistema, pero no un antisistema, desengañada de la religión profesional que pretende utilizar a Dios, pero estudioso concienzudo de la personalidad del Creador del universo. He llegado a saber que me ama aún antes de que yo llegara a conocerlo, perdonando de antemano en mí el triste resultado de una cultura, un tiempo y un desarrollo equívoco. Él me pide a través de su Palabra que le diga lo que siento, que se lo diga en cualquier momento: "Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, una ayuda siempre disponible en tiempos de angustia" (Salmos 46:1).
Cuando la angustia ya no me deja respirar, me voy a un parque grande y hermoso que tenemos aquí en Zaragoza, busco un rincón solitario y entonces me sumerjo en la oración, en voz alta, gritando a veces, llorando, pidiendo, rogando... y al fin, exhausto, con mis fibras nerviosas desenredándose, mi mente y mi corazón recobran poco a poco la serenidad y mi alma se siente acariciada, consolada, refrescada y... amada.
Haz la prueba, no requiere mucho esfuerzo. Confía en el amor de quien te ha hecho, quien te conoce, quien te ama. Búscalo, y... ya veremos.
Un abracico Andrea.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

