¡Que los fusilen!
Dice la canción que “si no fuese pecado te daría mi vida”. Y, si no fuese pecado y delito, la vida no fuese sagrada y no estuviésemos en contra de la violencia, ese sería, posiblemente, el grito de buena parte de los oviedistas que una semana sí y otra también vemos los desatinos, la torpeza, la incapacidad y la indolencia de nuestros representantes futboleros. Resulta increíble que partido tras partido el equipo contrario nos meta un gol con el partido casi acabado, pero más increíble resulta aún que en buena parte de esos goles –no sé si en todos– el futbolista contrario que lo marca esté completamente solo; que nuestros defensas saquen los balones hacia adelante parece que siguiendo la consigna de “a ú vaiga”; que teniendo a compañeros a quienes entregar el balón lo pasen al contrario o al compañero que en peor posición está para poder jugarlo; que nos quedemos en inferioridad porque uno de los nuestros comete una falta absurda y previa a otra más o menos necesaria, o porque otro sale o despejar un balón “a lo Rambo” y se lleva la roja directa.
No, de ninguna manera se debe tomar la expresión inicial en su sentido literal; a lo sumo, puede que alguno de nosotros tengamos pensamientos escatológicos y que con ellos carguemos las imaginarias armas del pelotón de ejecución. Como también puede que, si en manos de quien esto escribe estuviera, preguntaría al principal accionista de nuestro Oviedo por quién o quienes se han dejado engañar –o no han sabido ver la incompetencia de él o de ellos– porque, si hemos de creer lo que los medios de comunicación nos dicen, ese accionista ha invertido mucho dinero en este club y supongo que no pretende regalarlo y tampoco querrá que poco a poco, temporada a temporada, se vaya por el desagüe, y estamos viendo que sí se está yendo por el desagüe.
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