Loa al activo y paciente Gustavo González-Izquierdo
Con mucho gusto y mayor convicción, me dispongo a escribir sobre un amigo, un amigo de los buenos, de los de verdad, de los que están a las verdes y a las maduras; en definitiva, un amigo leal. Su gracia es Gustavo González-Izquierdo Castejón, para mí Gustavo “El Bueno”. Y tiene esa condición cada día más infrecuente: la lealtad. Convendrán conmigo que la lealtad es una gran virtud, que para ratificarla hay que superar muchas pruebas, no basta ser leal en una circunstancia. Hay que tener fidelidad a los propios sentimientos, a los propios principios, y a las personas. De las tres facetas o condiciones que cabe destacar del ser humano: la belleza física, la del trato, y la belleza interior, ésta última es la que de verdad merece la pena tener en cuenta a la hora de aceptar una amistad. Pero nos vemos obligados a constatar que en nuestros tiempos el egoísmo y hedonismo imperan en una sociedad desquiciada por alcanzar el éxito, por ascender un peldaño en la escalera de la vida; lo que suele incitar a la traición. Por eso, la regla de oro de la amistad nos advierte de que “cuando la desconfianza entra por la puerta, el afecto sale por la ventana”.
Nuestro Gustavo fue el que puso en marcha este movimiento de la convivencia a través de la gastronomía y del turismo; y él es el que alimenta como nadie estas reuniones desde el 10 de enero de 2010; que, por su expreso deseo, acabó bautizando el colectivo como “Gastronomía de la Amistad”, todo un acierto. Como ya se sabe, tiene la singularidad de que en cada reunión se invita a un pregonero para que cante las delicias del menú a degustar u otro tema de interés. La persona que abrió este abanico de pregoneros fue una mujer, o sea, Carmen Ruiz-Tilve, cronista oficial de Oviedo, que se refirió al “arroz negro con all i oli”. Le siguió José Antonio Fidalgo, el entrañable cronista oficial de Colunga, habló sobre los oricios; después le tocó a Ignacio Gracia Noriega, fallecido, que habló sobre la caza, y así sucesivamente hasta el día de hoy. Como pregoneros desfilaron por la “alfombra roja” figuras de la empresa, de la política, de las letras y de la religión. Y fueron varios los establecimientos que nos sirvieron para las reuniones, pero llegamos para quedarnos en el Hotel Cristina de Noreña.
Pero debiéramos saber todos, que digas lo que digas y hagas lo que hagas, siempre habrá alguien que no esté de acuerdo contigo. A este propósito recuerdo que, en unos comicios, y en el mejor de los casos, el candidato tendrá a su favor un 50% de los votantes; y en su contra, a un 40% del electorado.
A Gustavo no se le pone nada por delante a la hora de organizar estos encuentros. Y lo cierto es que sin una persona así, de sus cualidades humanas y organizativas, no se podría haber alcanzado un recorrido tan dilatado en el tiempo. Recordemos que el pasado día 6 de junio se cumplió la reunión gastronómica número cien. Me atrevo a decir que, al despertar cada día, Gustavo siempre lo hace cavilando sobre el programa de actividades para disfrute de sus amigos, con los variados viajes que organiza por Asturias y España, así como algún crucero que otro.
En mi caso, mi primera invitación a estas reuniones me la formuló Rafael Secades. Y es que estas reuniones, además de hacerles todos los meses un regalo al paladar, suponen una excelente ocasión para ampliar el círculo de las amistades, uno de mis objetivos en la vida. Porque no debemos olvidar que la amistad es el verdadero patrimonio de la humanidad. Suscribo las palabras que en una epístola dirigía Federico Chopin a un amigo: “No me interesa el dinero, sino la amistad”. Y es que, para los seres humanos, la amistad, más que conveniente, es necesaria, salvo para los anacoretas o quienes practican la misantropía.
Mensaje: Hago mías estas reflexiones: Nunca te duermas sin un sueño, ni te levantes sin un motivo, tampoco vivas por nadie que no esté dispuesto a vivir por ti. Recuerda que ningún día se parece a otro, y que nadie se parece a ti…, que solo hay una persona capaz de hacerte feliz para toda la vida… y esa persona eres “tú mismo”.
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