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Problemas migratorios

25 de Septiembre del 2019 - José María Casielles Aguadé (Oviedo)

Lo primero que debemos precisar es que los fenómenos migratorios irregulares no son una simple crisis circunstancial, sino un complicado conjunto de problemas sofisticados y manipulados con largo y difícil futuro, que hay que diferenciar, analizar y estudiar con rigor y serenidad, al margen de sectarismos.

Enfoque espontáneo: inmediato, sentimental, fácil y “buenista”: todos los humanos hemos de ser “humanitarios” (claro). Rezuma cordialidad y cae bien; es demagógico y populista. Dictado por el corazón sin asomarse siquiera a la cabeza. Políticamente ideal al primer golpe.

Consideración racional: sosegada, estudiada, consecuente, con visión de continuidad y futuro, más difícil, trabajosa y elaborada. No puede dejar de ser justa, y por ello legal y humana, eficaz y trascendente. Posiblemente será calificada de fría e impopular por quienes detestan la funesta manía de pensar y las consecuencias de la irreflexión, que ya resolverán otros. El asunto en cuestión presenta diversas facetas reflejadas en actitudes.

Hace pocos días hemos asistido al lamentable cruce de improperios públicos entre políticos españoles e italianos de primera línea. Son inconcebibles traspiés diplomáticos de gran envergadura, por un conflicto legal producido por una ONG de dudosa legalidad, que ahora increpa a Italia y a España a partes iguales.

Procede preguntarse también por las supuestas competencias marítimas de algunos alcaldes, que habían ofrecido sus ciudades portuarias para el atraque del “Open Arms”. ¿Tienen los alcaldes autoridad naval a este efecto? Lo dudo seriamente.

Con relación a los barcos: ¿Es coherente el trato dispensado en su día al “Aquarius”, recibido a bombo y platillo, y el de ahora, razonablemente receloso, al “Open Arms”? ¿Se ha coordinado el tratamiento de este problema con otros países de la UE? ¿Qué papel juega Frontex (Agencia de Control de Fronteras Exteriores de la UE) en este asunto?

Para más complicación, Frontex ha pasado de un presupuesto de 80.000 euros a otro de 53 millones en 2017, y de ser una agencia meramente supervisora, a interventora y ejecutiva (¿?). Dígannos nuestros cautelosos 751 eurodiputados, con qué atribuciones concretas del Parlamento de la UE.

En la misma faceta de los intereses económicos están las ayudas europeas al control migratorio (148 millones de euros a Marruecos en 2018), que probablemente no será el único país africano retribuido. A este panorama hay que incluir el indiscutible papel de las “maffias”, que se benefician del tráfico de personas y/o de drogas. ¿Quién no ha oído hablar de lo que pasa en Libia?

Situaciones abusivas reiteradas como las sufridas por Italia hasta el aburrimiento (Lampedusa) explican, si no justifican, la irritación de su gobierno, por el desigual trato a las fronteras exteriores de la UE. No son iguales ni parecidos los problemas de Polonia con Rusia que los de España, Italia y Grecia con los inmigrantes mediterráneos.

“De facto”, se han establecido “barreras fronterizas” de diversa magnitud y eficacia en Grecia, Hungría, Bulgaria, Austria, Eslovenia, Reino Unido, Letonia y España, además de Noruega y Rusia (ambas fuera de la UE). En nuestro país tienen formalmente estas barreras, Ceuta y Melilla, pero todos podemos ver episodios inaceptables de mal trato a la Guardia Civil, y los desembarcos ilegales de pateras en playas turísticas andaluzas, al sol del mediodía y mezclándose con los bañistas. Cada vez son más frecuentes las “recaladas” ilegales en Baleares y Canarias, porque Algeciras ya empieza a incomodarse con sobrada razón. Me pregunto si el Gobierno español no debiera confiar ya el control de las costas de Canarias y Baleares, y no digamos las gibraltareñas, a la autoridad naval de la Armada, dotándola, claro está, de flotillas ligeras de intervención rápida (FLIRs), de las que ya he tratado hace pocos años en las páginas de LA NUEVA ESPAÑA, constituidas por catamaranes equipados con “drones” y helicópteros, y cuya puesta a punto –con una inversión modesta– beneficiaría a nuestra industria naval, con demandas exteriores aseguradas.

Por último, entremos en las razones más graves y fundamentales por su extensión, profundidad y alcance: son datos sociológicos incuestionables sobre el desigual crecimiento de la población mundial en los próximos años. Se trata de un estudio estadístico elaborado por el Departamento de Asuntos Sociales y Económicos de la ONU, para 2015-2100 del que, para no aburrir a mis lectores, voy a entresacar datos esenciales:

El mundo registraba en 2015 una población real de 7.349 millones y estimadas de 8.501 para (2030), y de 11.213 (en 2100), con incremento neto de 3.864 millones de personas al final de siglo. Toda la Europa continental registraba 738 millones (en 2015), tendrá 734 (en 2030) y 646 (en 2100), con decrecimiento sensible al fin de siglo. Para ser más exactos, la UE –menor que el continente– registra actualmente 513 millones de individuos, y perderá 66 millones con el brexit, si la necedad de Johnson se consuma. No dispongo de estimaciones futuras; pero la evolución de la UE es claramente declinante.

Y ahora viene lo más fuerte: África disponía de 1.186 millones de personas (en 2015), pasará a 1.769 (en 2030) y alcanzará 4.387 millones (en 2100). Esto significa que, ya dentro de diez años (2030) su población habrá aumentado en 493 millones y que aumentará en 3.201 millones para 2100.

Las ayudas europeas a África han de centrarse específicamente en asistencia sanitaria, educativa y tecnológica. Deben aportarse “in situ”, y con un control riguroso de su correcta distribución entre la población necesitada: hay sobradas experiencias que aconsejan estos procedimientos.

Resumiendo, puede deducirse que el incremento de la presión migratoria hacia la UE y su persistencia serán brutales. Concretamente, el 83% del aumento de la población mundial se producirá en África y en buena parte repercutirá sobre Europa, que desaparecerá como civilización en muy pocos decenios, si a nivel de la UE no se coordina y controla la inmigración irregular. Así de claro y contundente. Sin paliativos.

Si la advertencia formulada les parece tremendista, diré que la caída del Imperio romano, comparada con la de Europa dentro de diez años, parecerá un juego de parchís. ¿Vale? Pues es lo mismo.

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