Rubén y Germán
Creo que casi todos los asturianos conocen ya el drama que tuvo lugar, hace algo más de dos años, en Fomento (Gijón), en una aciaga noche de verano. Por si acaso, la resumo: una pelea entre jóvenes, a la salida de un bar, pasó de ser un incidente más a convertirse en noticia destacada debido a la fatalidad. En plena trifulca, Rubén (18 años) le dio un puñetazo a Germán (24 años) con tan mala suerte que este, al caer, se golpeó la cabeza contra la acera y ha quedado con una grave minusvalía de por vida.
Rubén ha cumplido ya dos años de prisión preventiva en el Centro Penitenciario de Asturias y se encuentra ahora en libertad condicional a la espera de juicio. Durante este tiempo, su familia ha estado siempre a su lado, y él ha mantenido una conducta impecable en la cárcel, siguiendo sus estudios a distancia. Y durante este mismo periodo de tiempo, la familia de Germán, tras muchos análisis y pruebas médicas, ha llegado a la terrible certeza de que la minusvalía física y psíquica de su hijo será permanente.
Ahora, los jueces tendrán que decidir, y yo tengo la impresión de que este juicio tiene un cierto carácter salomónico. Me explico: por un lado, tenemos a un joven y a una familia absolutamente normales, sin ningún perfil delincuencial. Por otro, tenemos a otra familia igualmente normal, y que sufre una grave tragedia, que podemos calificar de “accidental”, pues no hubo ni premeditación, ni alevosía, ni ningún otro agravante en aquellos desafortunados hechos.
Ignoro si este juicio tendrá un jurado popular, pero yo creo que, en este caso, sería de gran utilidad poder contar con él: el tema ha causado y seguirá causando mucha polémica en toda la sociedad asturiana.
Como yo no soy juez, ni parte, me voy a limitar a contar una anécdota que quizá refleje, mejor que las simples palabras, mi opinión. Cuando mi hijo tenía unos 10 años, estaba un día jugando tranquilamente con su mejor amigo al minigolf cuando el amigo le propinó, accidentalmente, un fuerte golpe con su palo en pleno ojo. Corrimos al hospital y, afortunadamente, todo quedó en un gran susto: el médico nos lo explicó: “Ha tenido mucha suerte, un poco más fuerte y se le hubiera producido un desprendimiento de retina”. La madre del amigo estaba desolada, y nos dijo entre sollozos: “Lo siento, lo siento muchísimo...”. Y yo le contesté: “Tranquila, mujer, podría haber sido al revés”.
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