La impostura y engolados
Hablaremos un poco hoy sobre la impostura de las personas que no saben tratar al público y cliente, pensando que son un dechado de virtudes.
Engoladas en su ignorancia y arrogancia es muy frecuente acercarte a una mesa de información o ventanilla para realizar alguna gestión y la persona que está a tu servicio y cobra de tus impuestos se siente subida a una peana para atenderte con cierta superioridad y no te admite sugerencias ni preguntas, pues habla ex cátedra o desde la silla gestatoria.
No es de extrañar que salgas con cierto desasosiego y sin haberte informado adecuadamente de lo que pretendías saber por temor a ofender a quien debería de ayudarte.
No es extraño ver a políticos cuando buscan el voto saludarte con afecto y sonrisa amplia como si fueras conocido de toda la vida, incluso dando la sensación de que son tus amigos, y una vez pasados los comicios pasar a tu lado y no saludarte pues ya no te conocen, ya no les sirves a sus propios intereses pues son ellos precisamente los que se habían comprometido a servir al pueblo y al ciudadano; todo esto es una impostura que pulula actualmente con descaro por la sociedad, sin reparos a cara descubierta y con osadía descarada.
El ciudadano no debe suplicar un derecho que le asiste, sino pedir con corrección que sea atendido con diligencia y buen trato, pues es quien paga el trabajo del funcionario y político de turno.
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