Cachete no, guantazos en condiciones necesitaban
Diario de LA NUEVA ESPAÑA en un solo día, en portada: “Un menor clava un cuchillo a un portero en un pub en el primer sábado de San Mateo”, “Dos detenidos por apalear a un guardia civil y a su padre tras un accidente en Siero”. Páginas adentro: “Alarma en Langreo por una pelea con bates y navajas en un parque”. Todo esto y tantos casos de manadas, violaciones, agresiones y energúmenos sueltos están relacionados con ese educar proteccionista, con esa carencia de disciplina y con una absoluta dejadez por parte de todos. Gobiernos, leyes educativas y permisivas, padres, maestros y jueces blanditos, más ese consentir y conceder a colectivos aún más endebles, considerándolos portavoces y portadores de un buenismo antropológico sin más consideración que dejarse llevar por acontecimientos del momento en caliente. Los padres deben tener bemoles cuando su hijo llega a casa después de fiestas, deben esperarlos levantados algún día, que sepan que no pueden llegar como piltrafas borrachos o drogados. No se escondan debajo de las sábanas para huir de su cobardía y dejadez. Lo que no corrijan ahora mañana serán problemas de verdad para ellos, ustedes y el resto de la sociedad.
¡Ya está bien!, nadie está pidiendo condenas ejemplarizantes, simplemente empezar a aplicar la ley con toda crudeza, o la delincuencia nos ganará la partida, si es que no lo ha hecho ya. No hay seguridad para nadie si quienes tienen la potestad de ejercer justicia y quienes deben legislar lo hacen con el freno echado, mojigatos al servicio de un sistema corrompido, ¡sí, corrompido! No pueden los jueces dejarse ver tan descaradamente acompañar del poder político, donde dejan por más de diez años los delitos de estos descansar en el olvido. Ese dejar en manos de jurados populares las decisiones que a ustedes les corresponden (por mucho que esté recogido en nuestro ordenamiento), equivocaron profesión, juzgar es cosa suya, los ciudadanos bastante tienen con ganarse la vida y además pagar impuestos para entre otras cosas financiar los sueldos y gastos de unas administraciones y unos poderes del Estado que no cumplen ni de coña con toda su responsabilidad. Si los ciudadanos acaban dictando leyes con solo salir por la calle armando ruido y ustedes como unos queda bien que son, siempre dispuestos en caliente a fabricar leyes como churros para contentar al personal, la cosa es que no funciona ni medio bien. Poco les falta para convertir a los ciudadanos en tribunales populares, al menos serían ellos y no teledirigidos por un magistrado a la sombra escaqueándose de toda responsabilidad.
Esa ley del menor, no me canso de repetirlo, está empezando a dar sus frutos, no son otros que energúmenos malcriados y consentidos que no respetan nada y a nadie los que ahora tenemos a bien recolectar. Nadie les inculcó disciplina. La disciplina es el cimiento de toda educación; sin ella, la permisividad y el consentimiento harán estragos a la larga. Se llegan a pensar estos malcriados que la libertad es hacer lo que a cada cual le venga en gana, y así cuando adolescentes (adultos no llegarán a ser jamás, salvo por edad) solo cosecharemos energúmenos que (ya tarde) deberemos enderezar. No supimos educar, ahora al menos debemos aplicarles la mano dura que necesitaban cuando decíamos que un cachete es maltrato. Decían esos colectivos innecesarios plagados de feministas que no tenían nada que hacer, siempre dispuestas al arribismo personal, que con cachetes saldrían traumatizados, ¡ya ven!, lo que logramos con esa permisividad es que ahora les tendremos que meter en la cárcel por antes no querer darles un guantazo en condiciones cada vez que no obedecían o insultaban a padres, profesores o abuelos; ahora, además de no obedecerles, les pegan palizas estos violentos que ustedes tuvieron a bien proteger.
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