Violencia de género y la otra, de la que no quieren oír hablar
Es cierto, son demasiadas mujeres asesinadas a manos de sus parejas, ocurre en todos los países, pero eso no nos debe conformar. Algo tenemos que hacer, jamás lo que hizo Zapatero, sacar leyes a la carta en caliente para satisfacer a todos los colectivos que no saben otra cosa que enfangar lo enfangado.
Creo que al núcleo del problema nadie quiere entrar, existen múltiples causas seguramente. Hay un factor por el que poco podemos hacer: cuando alguien pierde la cabeza. Partiendo siempre de la premisa que quitar una vida o maltratar jamás tiene justificación. La desgracia nos nubla y nos hace buscar soluciones a lo que ya pasó, lo ocurrido ya no tiene solución; en vez de ir analizando y estudiando con la complejidad que ello requiere al ser temas íntimos y personales ¿qué hace que en una familia que se amó, ha tenido hijos, lleva años conviviendo, de repente ese hombre (que en la mayoría de los casos su entorno decía que era una excelente persona) se convierta en un asesino o un individuo tan peligroso para su pareja?
Mientras sigamos ignorando quizás el cogollo de la cuestión: “Los problemas económicos”, que a ustedes, los políticos, les importan un pimiento, solo están para ustedes; donde los salarios y los empleos precarios van minando familias y mentes, donde el cada día se convierte en un mañana sin futuro, sin ilusión, sin esperanza... eso siempre daña las relaciones, luego por la misma causa, se multiplican los problemas cuando se plantean separarse: custodia de hijos, casa, hipotecas, manutenciones... si la ley que ustedes sacaron, perjudica seriamente una parte, dejándole en la calle, sin hijos ni propiedades, además de seguir pagando los gastos de donde le echaron los jueces, ya no digo el quedar marcado de por vida por una denuncia precipitada o falsa... ustedes, si no ven eso, es que no razonan. ¿Cómo resolvemos esta ecuación tan compleja? “Cuando la necesidad entra por la puerta, el amor sale por la ventana”.
Ya podemos sacar leyes que nos marquen a fuego a todos los hombres como el peligro de toda familia, ya pueden poner pena de muerte para todos esos casos, ya pueden pedir un policía detrás de cada mujer... pero si no entran en las entrañas de las causas (la primordial, pero sería a largo plazo, pero debemos empezar ya: una ley de educación consensuada que afronte este tema en profundidad)… Es que ustedes no dan una, hablo de esos colectivos feministas, lograron una ley de protección del menor, sin evaluar las consecuencias, energúmenos consentidos y malcriados consiguieron, ahora vayan detrás de ellos a darles ese cachete que los traumatizaba cuando violen en manada o maltraten a su pareja. Así pasó con la ley de Violencia de Género, donde desvisten un santo para vestir otro.
Dos razones creo son: 1) La educación permisiva, sin disciplina y con toda clase de consentimiento. 2) La falta de estabilidad económica, sin ella se resquebraja la estabilidad emocional y familiar. También algún rebufo que queda del machismo de antaño.
Nos queda afrontar un maltrato aún mayor ¡sí, infinitamente mayor! que el que tratamos con tanta intensidad, aquí también la mujer es víctima en mayor proporción, pero no distingue de género: el que reciben y les damos a nuestros mayores, nuestros abuelos, los ancianos. Solos y abandonados, donde hijos y nietos solo esperan quedarse con lo poco que tienen por ese egoísmo imperante en esta sociedad. ¿Por qué pedimos para las mujeres protección institucional y a nuestros mayores se les deja en manos de quienes no miran para ellos? ¿Cuántos ancianos y viudas se mueren solos sin que nadie esté a su lado cuando estas pobres criaturas quizá se salvaran si alguien las atendiera? Esas no les duelen, ¿verdad? Les aseguro que estamos consintiendo estos “asesinatos”, no son 65 al año, son cientos a diario; no son números también tener en cuenta, ¿verdad? ¡Pues vayan cogiendo el Excel!, en demasiados casos internados en esas residencias de ancianos, que, como pudimos comprobar, son auténticos cementerios vivientes donde ni la comida y el cuidado son aceptables ni suficientes para el respeto que debieran merecernos nuestros mayores. Sobre esto no quieren oír hablar, ¿verdad?
¡Sí, les digo a ustedes! A todos esos colectivos que salen a la calle en busca de soluciones cuando la desgracia está presente y a los políticos de pacotilla que enseguida ponen la oreja tiesa para sacar votos, aunque sea a costa del dolor y las desgracias, ¡pues aquí está el dolor presente a diario!, en muchos pueblos y ciudades, en casi todas las residencias y en sus mentes con toda seguridad: el maltrato y olvido de nuestros mayores.
La hipocresía, la insolidaridad y el egoísmo son su ley.
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