Crisis institucional en el Real Oviedo
Recuerdo aquella noche de 2003 como algo traumático, desolador, como algo que nunca debió pasar. Pensaba que era el principio del fin. No tenía esperanza. Hubo dos clases de oviedistas. Unos, los que lo dieron todo por perdido, y otros, los decidimos acompañar al club hasta los últimos días pasara lo que pasase, aportando nuestra última esperanza, nuestro último aliento. Al final, el destino, caprichoso e impredecible, nos dio la razón a los que empezamos aquella cruzada poniendo las primeras piedras para que nuestro club tuviera un escudo con el que luchar moribundo contra viento y marea. Muchos años después y con la historia en la retina y las canas aflorando en nuestros cabellos, podemos decir que estamos vivos y además tenemos de lo que casi nadie puede presumir de ello, el elixir de la vida eterna, y es que toreamos a la mismísima muerte y la vencimos, nos convertimos en inmortales y ahora lo que sí tenemos claro es que nadie podrá nunca matarnos. Pienso que en todos estos años no ha habido héroes, pero sí ha habido personas, jugadores, entrenadores, aficionados, colectivos que han tenido un papel importante en que nuestra historia pueda seguir escribiéndose; ahora bien, viajando al presente, podemos decir que somos un club profesional, y como tal debemos de tomar esto al pie de la letra. Es decir, necesitamos jugadores profesionales de lunes a domingo, necesitamos una estructura profesional tanto dentro de los despachos como en el organigrama técnico, donde el presidente sea un presidente, donde el director deportivo haga las funciones que le competen, y así desde el primero al último títere que ahora vive dentro de nuestro club. Aquí se juega con las ilusiones, el dinero, la pasión y los corazones de mucha gente y no debe tomarse a la ligera. Empecemos por lo más sencillo, un departamento de comunicación a la altura de las circunstancias, lo demás dejémoslo para la junta de accionistas, donde el grupo Carso, que de una manera heroica, histórica y maravillosa convirtió el final de nuestra pesadilla en un precioso sueño con final feliz, debería decir adiós de manera definitiva a la gestión deportiva y económica del club siempre y cuando no se responsabilice y haga todo lo que esté en su mano para profesionalizar el club de manera tajante e inmediata. Es posible que vuestro momento haya llegado, agradecidos eternamente por todo lo que habéis hecho, pero esto necesita de personas que sientan verdaderamente el club, que lo quieran, que lo mimen y que no piensen que esto es un juguete a control remoto. Necesitamos regar al club día a día con mimo y cariño para que, ahora que floreció, nuevamente podamos por fin construir el Oviedo que queremos y que deseamos ver más pronto que tarde en el lugar que la historia nos arrebató. Y no olvidéis una cosa. La esencia del Oviedo es su afición y, si me apuráis, la única heroína de esta historia, a la que habéis dejado olvidada quizá porque os faltó invitarla a un tequila. ¡Hala Oviedo!
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