Transición
Ahora, con los años, me doy cuenta del calvario que debieron pasar mis padres al salirles un hijo de izquierdas, cuando yo tenía 22 años y ellos 62; supongo que mi padre aplicaría la máxima de “quien no es revolucionario a los 20 años no tiene corazón”, por eso, aunque discutía conmigo de política, la verdad que pasaba bastante, no dejaban de ser frases como “qué falta te hace una guerra” o “qué sabrás de la vida”.
Hoy admiro la paciencia infinita de mis padres durante esa época, porque debe de ser duro ver que casi mueres quemado en el 34, que acaban con tu negocio familiar en el 36 o, lo que es peor, matan a un hermano y dejan a otro medio loco, y a los 60 años tener que aguantar a un niñato que niega el pasado.
Por eso, cuando leo que se quiere demonizar una época, que yo he vivido, me hierve la sangre, y lo que es peor, mi hijo se apunta a la moda de los políticos que no han vivido o quieren sacar rédito de ello. Me refiero a la Transición española; si de algo estoy orgulloso es de ese paso dado por todos los españoles y, sobre todo, por auténticos políticos que fueron capaces de enterrar viejos rencores para sacar adelante un país, que después de la muerte del dictador no sabía hacia dónde iba.
Pues bien, ahora cuentan que fue un cierre en falso, que los políticos eran los descendientes de un régimen franquista; una persona debe de estar orgulloso de su pasado, y ese es mi caso, que fácil es levantarse todos los días y leer los periódicos para ver lo que pasa en España, si un político es corrupto, si otro se alía con otro, si un país puede aguantar estar un año sin presidente, etc... Sí, yo viví la Transición y sé lo que fue la aprobación del PCE, sé lo que es el ruido de sables en los cuarteles, levantarte todos los días y contar los muertos de ETA, vivir toda una noche del 23 de febrero pendiente de los transistores, respirar cuando salió el Rey vestido de militar y mandó parar.
Eso fue la Transición, ejemplo en su momento para el mundo civilizado del paso de un régimen dictatorial a una democracia, y ahora esa misma democracia quiere darle la espalda, como hice yo en su momento con mi padre. Lo siento, pero yo no tengo la paciencia de mi padre, “me hierve la sangre”.
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