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Navajas, navajeros y la ley

6 de Octubre del 2019 - Rufo Costales (Oviedo)

Hasta ayer, como quien dice, tenía asumido que el Estado es el único titular del monopolio de la violencia, y en consecuencia, el único y obligado garante de la seguridad de sus ciudadanos, pobres mortales ordinarios, antes súbditos.

Dicho esto, es especialmente llamativo el auge de la tenencia y uso de armas, con indeseables consecuencias sociales, sin que las autoridades, policiales y judiciales, hayan puesto freno hasta el momento, a la proliferación de reyertas, altercados, apuñalamientos, tiroteos, etc., a veces con resultado de muerte.

Si la ley vigente dice que están prohibidos los bastones-estoque, los puñales (arma blanca de más de 11 cms. de hoja) y las navajas automáticas; así como el uso (por particulares) de cuchillos, machetes y demás armas blancas...

¿Por qué las fuerzas de orden no realizan más frecuentes, efectivos y exhaustivos controles, para que niñatos de fin de semana, previendo largas y "emocionantes" veladas, salgan a divertirse, armados hasta los dientes? ¿Dónde está la responsabilidad del Estado, en quien hemos delegado nuestra seguridad?

¿Por qué cada día es más difícil alternar por zonas de ocio, sin que, sin comerlo ni beberlo (reciente San Mateo), te veas metido hasta las cejas, en algún lío de navajas? ¿No quedó claro que están prohibidas?

Me pregunto: Si un par de amigos son atacados por cinco energúmenos, ¿se defienden?, ¿les protege la policía, el Estado?

Así debería ser, pero la policía ni está ni se la espera. En cuanto al Estado, delegará en la justicia, quien sentenciará si es, o no, en "legítima defensa", en función de que haya habido "agresión ilegítima previa" y "proporcionalidad", respecto a los medios y el modo de defensa y ataque utilizados.

¡El acabose! Unos, los presuntos agresores -psicópatas, fanáticos, o gente que sufre incomprensión lectora-, con puños americanos, navajas de 15 cms. o con automáticas; y otros, los presuntos agredidos, ilustrados, con una calculadora científica para calcular, en un santiamén, hasta qué punto hay "proporcionalidad" entre las tres patadas, los dos puñetazos, tres pinchazos y una rotura de tibia recibidos, con una patada y un puñetazo demoledor, propinado por los agredidos.

En función del resultado, puede que sentencien "legítima defensa", y a los dos amigos no les pase nada. Caso contrario, lo tienen crudo.

Y no hablemos si el agredido es un tercero, y es Ud. testigo. En ese caso, o se larga del lugar como alma que lleva el diablo (por cierto, podría ser acusado por "omisión del deber de socorro"), o se queda, obligado a intervenir... e interviene.

Recordemos el mediático caso del profesor Neira, que intentó ayudar a una mujer, cuando su novio la estaba maltratando en una gasolinera. El profesor la defendió, y el agresor entonces la emprendió a golpes con él, por lo que acabó en coma; se recuperó, pero un tiempo después, murió de un derrame cerebral.

El disparate es que si el Sr. Neira se hubiera desentendido de la agresión, hubiera incurrido en un delito de omisión del deber de socorro, enfrentándose a cargos de consideración. Eso sí, estaría vivo.

El colmo del disparate es que la agredida declare a favor de su novio, y en contra del profesor: "Jesús Neira es un maltratador. Me ha maltratado a mí, psicológicamente". Vomitivo.

Me pregunto si este es un estado de derecho democrático, donde todos somos iguales ante la Ley (pausa para las risas).

Un País donde defenderte o defender a tu familia, puede crearte más problemas con la justicia y el estado, que dejarte matar.

Un País donde el delincuente habitual está más protegido que el ciudadano, que respeta y cumple la ley.

Un País que ampara al asaltante, personaje de moral distraída que se te cuela en casa, y al que tienes que invitar a café, y agradecerle que haya tenido la deferencia de elegirte a ti, en vez de a tu vecino.

No me extraña que muchos, sin pensar lo que dicen, digan lo que piensan: "Asaltan mi casa, y la masacre de Puerto Hurraco se queda en una película de Disney, comparada con la que monto aquí".

¡Perra vida, seguro que me reencarno en vecino de Echenique!

Saludos cordiales

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