Las decepciones y las intenciones
Los seres humanos somos más frágiles de lo que aparentamos y mucho más sensibles de lo quisiéramos. Nos recubrimos de un manto de frialdad para protegernos, pero resultamos muy vulnerables y nos venimos abajo fácilmente.
Una palabra, un tono o un simple gesto de un hermano, un amigo o una pareja nos puede desmoronar y hacer perder la confianza y el cariño de quien lo manifieste.
Sin embargo, deberíamos tener en cuenta con qué intención se realicen estas manifestaciones, así como de quién procedan, porque podemos tener una percepción equivocada y tomar una postura precipitadamente.
Quizás esperamos demasiado de los demás y no nos exigimos a nosotros recíprocamente. De la misma forma que nos gustaría retractarnos cuando cometemos un error de estas características, también deberíamos dar al otro la oportunidad de hacerlo. Si no hubo mala intención, todo tendría arreglo.
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