La Nueva España » Cartas de los lectores » Los buscadores de este mundo siempre felices antes de cruzar al otro lado del espejo

Los buscadores de este mundo siempre felices antes de cruzar al otro lado del espejo

3 de Octubre del 2019 - Charo Vázquez López (Oviedo)

Como ya bien decía Jorge Manrique en su obra “Coplas por la muerte de su padre”, la muerte aparece cuando menos la esperamos, por eso hemos de estar preparados por si acaso llega, siempre sin previo aviso ni una llamada del más allá:

“Recuerde el alma dormida

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida

cómo se viene la muerte,

tan callando; ...”

He de explicar que el motivo de esta carta es la muerte repentina de un compañero jubilado que había visto por la calle la semana pasada y que estaba francamente bien, y ya de paso se la dedico a todos mis compañeros del instituto en el que trabajo y que han ido desapareciendo poco a poco; unos se han ido por enfermedad, otros por estar en una edad difícil o, simplemente, porque cuando “nos toca el premio”, nos vamos a “actuar” para siempre a un sitio mejor, en el que no hay dolor, ni tristeza, ni castigo, ni nada que nos turbe en modo alguno.

Meditar sobre el tema de la muerte parece triste, pero yo estoy convencida de que, cuando “crucemos el espejo”, nos daremos cuenta de que nada de lo que dejamos atrás tenía tanta importancia como le dábamos cuando estábamos en este lado del espejo, desde el que estoy escribiendo estas líneas. Nos afanamos por tener más, por brillar ante los otros, por sobresalir de la media; me pregunto muchas veces para y por qué. No tengo clara la respuesta, pero no merece la pena ni molestarnos por parecer lo que no somos.

Mi abuela, persona que era lista como un lince y aguda como un dolor de muelas, siempre recomendaba la humildad y el sentido común, y decía que eran nuestras mejores cartas de presentación. Ella comentaba muy a menudo que “aquí estamos de paso”, pero nunca pensé que alguna vez meditaría sobre el sentido profundo que encerraban sus palabras; supongo que cuando se es joven se ve la muerte muy, muy lejana, ya que lo normal es que uno no se muera entonces.

En la obra “Camino”, de José María Escrivá de Balaguer, se puede leer en uno de sus puntos: “¿Has visto, en una tarde triste de otoño, caer las hojas muertas? Así caen cada día las almas en la eternidad: un día, la hoja caída serás tú”. La verdad es que el corazón se sobrecoge solo de pensarlo. Sin embargo, lo sabemos, sabemos que un día tú, él, yo, seremos una de esas hojas muertas que se caen, se pisan y en las que nadie repara. Nosotros no somos hojas caídas y sí que pensamos y rezamos por aquellos que nos van dejando.

Este mismo autor, José María Escrivá de Balaguer, escribe en otro de los puntos de esta misma obra lo siguiente: “Esto de aquí es un continuo acabarse: aún no empieza el placer y ya se termina”.

Me despido de todos ustedes, lectores, compañeros y amigos, esperando que seamos durante muchos años hojas de ese árbol ancladas firmemente a sus ramas y su tronco, para que nadie las pise, y si alguien las ve en el suelo, se acuerde de rezar una oración por todos y cada uno de los que han ido desapareciendo de este mundo, pero con los que seguro nos reencontraremos allí.

Siempre hay que poner una nota de alegría en una carta triste y difícil de escribir, con palabras positivas y frases de aliento para las familias de todas estas personas, incluyendo los alumnos, muy jóvenes para este trago tan duro, y sus padres y madres también, y citaré las siguientes, tomadas de Jorge Bucay en su cuento “El Buscador”: “Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana, dos? ¿Tres semanas y media? ¿Y después?, la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ...

”Así vamos anotando en la libreta cada momento, cada gozo, cada sentimiento pleno e intenso...Y, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido”.

“El Buscador” aprendió que la felicidad y los momentos alegres son los que realmente nos transforman y nos hacen mejores. Eso es lo que tenemos que intentar recordar cada día: ser felices (¡levantarse un poco tarde si se puede!) y querer a los que tenemos cerca, nada más.

Cartas

Número de cartas: 49667

Número de cartas en Abril: 36

Tribunas

Número de tribunas: 2194

Número de tribunas en Marzo: 2

Condiciones
Enviar carta por internet

Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.

» Formulario de envío.

Enviar carta por correo convencional

Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:

Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo
Buscador