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Tengo 69 años, pero solo hace dos que volví a nacer

3 de Octubre del 2019 - María Flor Torres Martínez (Mieres)

4 de febrero de 2017, acudo a revisión con mi reumatólogo el doctor Torre, el que me lleva tratando de una artritis degenerativa desde hace unos siete años y de quien estoy muy agradecida, tanto de él como de su enfermera Amor.

La idea del doctor era modificar el tratamiento para la enfermedad y empezar con uno biológico, pero, dados las circunstancias y el aspecto físico que tenía en aquel momento (pesaba unos 43 kilos), decidió realizar una serie de pruebas, entre ellas una placa de tórax para observar los pulmones, ya que en uno de ellos tenía una cicatriz provocada por un contagio de tuberculosis a los 7 años. Era necesario comprobar el estado de dicha alteración para que el tratamiento fuese seguro.

Tras realizar la prueba, el doctor sospechó que quizá pudiera haber algo más, por lo que decidió derivarme al HUCA (Hospital Universitario Central de Asturias) al servicio de Neumología, donde me atendió el doctor Celso, quien indicó la realización de todo tipo de pruebas (un escáner, una broncoscopia, una gastroscopia...), saliendo todas negativas, pero, finalmente, decidió someterme a una biopsia de pulmón, donde pudo verse que la lesión que inicialmente aparecía en la placa realizada por indicación del doctor Torre no era debida al contagio por tuberculosis, sino que lo que tenía era un tumor en el lóbulo superior del pulmón izquierdo.

En ese momento, aunque tenía ciertas sospechas, me aferraba a la idea de que pudiese ser una tuberculosis cavitada, por lo que la noticia calló sobre mi como un jarro de agua fría. No es fácil que te digan que tienes cáncer, es una palabra que asusta mucho.

Tras el diagnóstico, fui derivada al servicio de Cirugía Torácica (también del HUCA), donde me atendió el doctor Aragón, quien me explicó en qué consistía la intervención. Realicé el preoperatorio oportuno y en un par de meses me sometí a la intervención, que en principio iba a ser por laparoscopia, pero finalmente se encontraron con la necesidad de realizar cirugía abierta, por lo que la recuperación fue más complicada.

Sumado a esto, contaba con un estado de salud física malo, ya que, debido a la artritis y al bajo peso y poca masa muscular, me era muy complicado caminar y desenvolverme de manera autónoma.

Tras la operación, pasado un mes y medio, aproximadamente, fui derivada al servicio de Oncología, donde me trató la doctora Noemí Villanueva, quien me indicó la administración de tres sesiones de quimioterapia, algo con lo que no contaba ya que en el momento del diagnóstico me habían dicho que con la intervención quirúrgica sería suficiente. Esto fue algo que me desanimó, ya que la quimioterapia es un tratamiento agresivo que suele tener consecuencias desagradables en el organismo; sin embargo, al ir avanzando el tratamiento observé que lo toleraba sin mayores complicaciones, y esto, sumado al maravilloso trato por parte de todos los profesionales que me atendieron en el servicio de Oncología, hizo que el camino fuese más llevadero, especialmente la doctora Villanueva, quien se mostró muy cercana y empática cada vez que acudía a su consulta.

Además de los profesionales que me atendieron en todo el proceso, a los que estoy inmensamente agradecida, un pilar muy importante antes, durante y después fue la familia y amigos cercanos, quienes me brindaron su apoyo incondicional en todo momento, algo que me ayudó a salir adelante.

También tengo que agradecer el apoyo recibido por Inmaculada Gutiérrez y Carmen González San Martín, mi médica de cabecera y enfermera, quienes se mostraron disponibles y cercanas siempre que fue necesario.

Hoy, como reflejo en el encabezamiento, puedo decir que ya han pasado dos años de lo que parecía la peor de las batallas que me tocaba vivir; sin embargo, aunque el camino se hizo muy duro y cuesta arriba, puedo decir que ¡lo he superado!

Finalmente, aprovecho para dar las gracias a un amigo que estuvo a mi lado en todo momento, acompañándome en cada prueba, apoyándome siempre y ayudándome en todo lo que pudo. Más que un amigo, un hermano, buena persona y humilde, que prefiere que su nombre no sea mencionado aquí. Todo lo que te pueda decir se queda corto. ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TODO!

Gracias a todos y cada uno de los profesionales, familiares y amigos que me apoyaron durante todo este proceso, ánimo para aquellas personas que estén sufriendo esta terrible enfermedad. Por aquellos que no consiguieron ganar la batalla. Ojalá algún día podamos decir que el cáncer ya no existe.

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