Más allá del griterío
Me he dado cuenta de que muchos son de un partido o preferencia política sólo por fastidiar al de al lado. La política se convierte, en muchas ocasiones, en oportunidad de revanchismo y de ejercer la animadversión contra el prójimo contrario, sobre todo en España. De repente, parece como si hubiera vuelto el frentismo sin matices y la falta total de consideración del juego político como conjunto de estrategias de altas miras, consistente en implementar el ideal ilustrado de la “felicidad pública”, concretar los valores de paz social, progreso para todos sin exclusiones, favorecimiento libre de la economía y prestigio de una cultura de lo público donde reflejarnos. La concepción de España como ente o hipérbole mítica, grandiosa y revelada, aparte y por encima de los españolitos de a pie, que es lo que realmente es y existe, me parece un pelín sospechosa de monolitismo autoritario. Separatismos como el catalán hace tiempo que son un delirio victimista, una engañifa que trata de exorcizar todo a través de la exaltación secesionista sin rumbo y el rencor a un Estado español constitucional, ampliamente generoso, descentralizado y plural. La democracia es el fracaso de salvadores oportunistas y dioses ex machina que irrumpen en escena; supone consensos, gobierno y representación efectiva de todos los sectores sociales, huida de todo maximalismo mesiánico y reconocer lo imperfecto de los intereses, pasiones, debilidades humanas e inhumanas. El “homo democraticus” es liberal en el respeto a ideas y derechos individuales, social en la promoción de cotas de igualdad y acceso a oportunidades, garantizadas solidariamente. España es nuestro espacio de convivencia, ante todo. Hablar otros idiomas y viajar abre la mente, somos Europa y lugar de encrucijadas. Estudiar, reciclarse, leer y formarse es lo que nos hace ciudadanos con opinión contrastada. Que no se pierda nunca el interés por la cultura, por autoconocernos, autoaceptarnos y autosuperarnos. Sin ira pero sin pausa, seamos fieles a una cultura de la paz, de la tolerancia, del respeto y el humanismo cívico. Aunque tengamos todo en contra, en momentos de desorientación, apreciación del ciudadano sólo como cliente de siglas o mensajes que se llevará el viento. Crítica constructiva, fomento de la dignidad y bienestar para todos. Equilibrio y atención dialogante hacia los que se muestran disconformes.
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