Calidad y calidez
En una sociedad cada vez más ansiosa, menos paciente, que prefiere mirar hacia otro lado con los que sufren, que busca la inmediatez en sus demandas, y donde resuena el “yo” con estridencia, sorprende encontrar a personas que, desprendiéndose de sus intereses personales, sacrifican no solo su tiempo, sino su vida en beneficio de los demás y en aras de un mundo mejor.
Son personas de carne y hueso, y por tanto vulnerables, trabajadores incansables que comprometen su tiempo de ocio y su vida familiar... lo comprometen todo... por el bien de la sociedad. Aunque no busquen el reconocimiento, todos y cada uno de nosotros estamos en deuda con ellos.
Un sector de la sociedad, los más, no sabemos cómo agradecérselo y solo lo hacemos con una sonrisa de satisfacción cuando sabemos de sus logros. Y otros, los menos, pero que hacen mucho más ruido, no solo son indiferentes y desagradecidos, sino que los cuestionan, critican, destrozan sin escrúpulos, les ocasionan el mayor daño posible, sienten envidia y están esperando como perros de presa a que cometan un error, aunque sea intrascendente. ¿Lo hacen porque son mediocres y nunca podrán llegar a alcanzar los logros que ellos han conseguido? No creo que sea simplemente esto, algo más hay, porque yo también soy mediocre, rara vez he conseguido lo que me he propuesto, no he triunfado en mi profesión y, sin embargo, admiro y me emociono enormemente con su ejemplaridad.
No estoy pensando en alto, no estoy divagando, solo hablo porque estoy triste y profundamente decepcionada con la sociedad, ya que, además, tengo el privilegio de conocer a una de estas personas, un grande entre los grandes, alguien honesto e íntegro en su vida y en su trabajo: Carlos López Otín.
Carlos representa la calidad incuestionable como científico y la calidez infinita en el trato. Y ojalá nos perdone algún día como sociedad por tanto daño como le estamos causando, ¡cuidado que no sea irreparable!, por dejarnos manejar por la cobardía de las redes sociales, por consentir, por ceder a la presión mediática sin sentido y por no dar la cara por él. Si es así como hay que tratar al que una vez decidió que iba a dedicar su vida a luchar contra la enfermedad desde la soledad y discreción de un laboratorio, que figura entre los top10 de la élite europea por sus logros científicos, y que es de las mejores personas que conozco, yo me borro de esta sociedad.
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