Una urogalla
(Llanto por un urogallo. Están asfaltando también Asturias)
Otro ataque. Por lo visto respiran por la herida. Estábamos condenados al silencio, ese silencio espeso y mazorral como la sangre municipal que se enriquece a golpes de ladrillo y de hiladas de plomada. Me hubiera gustado ser albañil más que archivero, pues la literatura nos condena a la pobreza pero no a la pereza, que nada tengo de haragán y en mi vida en lo mío trabajé una burrada. Ahora, después de lo de Marbella, le toca al norte y todo son casas. Están construyendo la gran carrilana que perforará el monte de los abedules los maestros del gran diseño cartabón en ristre. Me repliego en mi solipsismo en esta mañana de noviembre dorada cuando después de la cencellada –el rocío posó esmeraldas y diamantes en los tallos de la hierba– cavo en el huerto y tengo una visita.
Primero un malvís y luego una urogalla. Dejo la azada y contemplo a esta ave como el que asiste a una visión. Es una hembra. Está a siete u ocho brazas de mí, la cresta encarnada, el plumaje entre azul y gris y una cola zanquilarga cimbreante y bien señalada. Cacaracá. Cloc cloc. Bajó a comer desde las cumbres del Aramo y picotea entre los valles. La proximidad de la marina no la asusta, aunque bien se ve que es bravía y con querencia de montaña. Desaparece y ando tras ella, furtivo animalito del Señor. ¿De dónde ha salido la pava? Rara avis. Dicen que está en extinción. Cuando construyan la gran carretera, adiós. Me hubiera gustado ser San Francisco para hablarle en su idioma. ¡Somos poca cosa, la verdad!
Reparamos ordenadores, hacemos sesudos balances de la situación política, y el teléfono móvil, el vis a vis y el oreja a oreja cual mando a distancia, va por el mundo a mano alzada y todavía no entendemos el idioma de las aves. Hay un acebo cerca de mi casa que lo visita con frecuencia y a veces tentado el urogallo esplendoroso por la vanidad de toda hembra, por la curiosidad o la llamada de la sangre se acerca al nial de las gallinas que Iturripe ha construido en el establo. El gallo se alborota enamorado, pues un masto de ese calibre, que tiene bien cubierta a su pollada, debe de estar harto de todos los días patatas y montar a una urogalla debe de ser para él como cepillarse a Sofía Loren, pero no puede ser. La ferralla metálica impide la componenda de una parada nupcial en condiciones que la pava es bella, casquivana y amorosa.
El gallo de la quintana de Iturripe se queda con la miel en los labios. No es la primera vez que el gocho baja del monte y cubre en un santiamén a las cinco marranas que a eso de los ocho meses empreñan y paren rayones. Misterios de la naturaleza. El milagro de la supervivencia que se produce ajeno al gorigori del humano vivir sus horas de vanidad. Después se pierde por la trocha y al fin la veo alzar el vuelo detrás de los laureles. Escucho el silencio del campo, un silencio musical de orquesta montaraz. La melancolía se me pasa. Sigo apañando los alcorques.
Este año mi ciruelo que es vecero y por julio tocaba nos dio casi dos serones de fruto y casi cogimos una fartura, y el castaño secular tampoco le anduvo a la zaga. Buen magosto y castañas para dar y tomar y hasta regoldar. Siento en mi carne la hermosura y opulencia de este paisaje que nos quieren quitar. Si machacan el monte, ¿el urogallo dónde vivirá? ¿Adónde irá a tirar la boina a enramar su nido? Una parada nupcial de estas aves en su cantadero es el más hermoso espectáculo del que un ser humano con el mínimo de sensibilidad pueda gozar. Para mí ha sido un augurio de buena suerte la visión de esta mañana del Día de San Martín, llega el Adviento y las matanzas como a todo cerdo, y que no se den por aludidos muchos les llegará su sanmartín, ya que este pájaro de gran porte y de la envergadura de una becada o algo mayor sí es huraño y no se deja ver con frecuencia, pues, bien, Antoñito, ya has visto un urogallo, casi el sueño de tu vida.
Pero a lo que iba. Me acuerdo del canto de esta especie en extinción y de la alabanza de España que entonaba ya muchos siglos atrás Alfonso X el Sabio. Y la estamos vendiendo en parcelas a los usureros. Quieren convertir nuestros predios edificables en campos de Haceldama. Esto es, nuevos corrales de la sangre para que unos cuantos listillos de la municipalidad se forren. Traidores. Judas sigue habitando entre nosotros. Pese a todo, ya con el otoño en puertas, escucho el último silbo de esta ave mayor de las Asturias entre los árboles que talarán para hacer el túnel de la autopista. Es su canto una elegía a un mundo que se va en medio de la incomprensión e insensibilidad de politicastros venales y de corifeos modorros del cuarto poder. Vale ya. El mundo es ansí que diría don Pío. Pedirle congruencia a la naturaleza humana sujeta a la doblez y a la rapacidad, la codicia y todos los demás pecados capitales es pedirle peras a un olmo. Tampoco pasa nada. Me he vuelto escéptico y el mi escepticismo se trasmina en solipsismo. Melancolía. ¡Ay Dios!
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