Flautista

15 de Octubre del 2019 - Domingo Nevot Romera (Gijón)

Se celebraba un concierto en el teatro Jovellanos. En el momento de un solo de flauta, el flautista lo hace fatal, y desde lo alto de principal, se escucha una voz que grita: “Flautista desgraciado”. (Bueno, realmente era algo relativo a su madre, pero que omito en aras a la corrección).

Se produce el lógico rumor en el teatro, y el director para la interpretación, se vuelve hacia el público y exclama: “¿Quién está llamando flautista a este desgraciado?”, (misma alusión a su señora madre).

Por supuesto, se interrumpió el concierto en medio de un gran escándalo.

Viene esto a cuento debido a que, de un tiempo a esta parte, las encuestas, incluidas las del CIS de Tezanos, reflejan que uno de los mayores problemas de los ciudadanos son los políticos, y la pregunta es: ¿Quién está llamando políticos a estos ineficaces indocumentados que nos gobiernan?

En su currículum, figura que “tienen estudios”, disimulando con ese eufemismo el que apenas han logrado el certificado de estudios primarios. Su vida laboral empieza y termina en el partido político, por lo que desde su más tierna juventud solo han escuchado ideas del partido, consignas del partido, soflamas del partido y solo han hablado con personas del partido.

Cuando llegan al poder lo primero que hacen es “actualizar” sus sueldos y consolidar sus injustas prebendas, sinecuras y privilegios. En esas decisiones, no hay ni derechas ni izquierdas. Suelen ser unánimes. Inmediatamente después nombran asesores, dotados de suculentos sueldos, sin que se comprenda por qué no están esos asesores en los puestos de salida en las listas de las candidaturas, con lo que nos ahorraríamos millones de euros en sueldos innecesarios e injustificados.

Legislan con ideas partidistas (¿cuántas leyes de educación van promulgadas desde la llegada de la democracia?), o cosas baladíes como los metros cuadrados de las cocinas para favorecer la igualdad, o se empeñan en crear problemas donde no existen, como la oficialidad de la llingua, pero rehúyen por cobardía e incapacidad para resolverlos los problemas importantes, como la inmigración, el separatismo o las pensiones. Cuando abordan el medio ambiente, con ideas como la de prohibir el diésel en el año 2020, hacen temblar los soportes de la economía.

No es solamente un problema de España. Basta ver lo mediocres, vulgares e incluso peligrosos que son los dirigentes de muchos de los países y las instituciones mundiales.

¡Qué diferencia con los ejemplos que nos han dejado recientes actuaciones de hombres comprometidos con sus ciudadanos que supieron entender los problemas y abordarlos con espíritu abierto!

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, sobre un ingente montón de cadáveres, políticos de Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Holanda y Luxemburgo decidieron que ya estaba bien de matarse unos a otros y pusieron los cimientos de lo que hoy es la Unión Europea.

A la muerte de Franco, políticos españoles de centro, derechas, izquierdas, de arriba, de abajo, emulando a sus colegas europeos, decidieron que ya estaba bien de matarnos unos a otros y construyeron la Transición.

Son dos ejemplos de buen hacer de personas que comprendieron que las labores de los políticos son solucionar los problemas que dificultan la convivencia, y trabajar para el bien común, sin tener en cuenta egoísmos y protagonismos personales.

¿Cuál es la situación actual? En Europa surgen voces en contra de la Unión Europea, y en España en contra de la Transición, pero con una diferencia: en Europa se intenta marginar y arrinconar a los antieuropeístas, ya sean contrarios a la “Europa de los mercaderes” o a la “Europa favorecedora de la inmigración”, mientras que en España se respalda y se apoya a los que promulgan leyes contra el espíritu de la Transición, aunque ello suponga el renacer de rencores y resentimientos y el desenterrar viejos fantasmas que todos creíamos y querríamos superados para siempre.

Definitivamente, ha llegado la hora de parar la representación, volverse hacia uno mismo y preguntarse: ¿Por qué estamos llamando políticos a estos irresponsables ignorantes que nos desgobiernan? No merecen ese nombre, sino que cada uno de nosotros puede asignarles otro en función del juicio que le merezcan sus comportamientos y sus actuaciones.

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