"Ahora, España"
Y antes, ¿qué? Nada. Un nombre olvidado, marginado, sustituido por el de país, jaleado y repetido hasta la saciedad por sus excelencias y señorías, por todos los políticos ya sean de una ideología u otra. ¿Por qué esa actitud hostil al nombre de España? Pues por la misma razón –digamos mejor sin razón– que esa hostilidad es aplicable también a los hombres de patria y nación, de igual vergonzosa e inexplicable exclusión. Que hacen siempre los mismo, sean políticos o simples ciudadanos. Estos, posiblemente, porque es lo que ven o escuchan en los hemiciclos y medios informativos, porque todo se ha generalizado hoy, ya sea positivo o negativo. Solemos ser unos copiones que, además, en muchos casos, largamos palabras y expresiones sin pensar antes qué repercusión pueden tener.
No mencionamos nombres de personas, partidos ni ideologías (todas muy respetables sin son constitucionales y no de un extremismo radical), sino que nos limitamos a comentar, de una manera objetiva y despolitizada, ese absurdo oscurantismo u ocultación del nombre de este carpetovetónico estado por el de país. Sí, “Ahora, España”. ¡Toma castaña! Y todos a honrar y repetir este hermoso e histórico nombre, como se hace en todos los países del mundo mundial. Y el que no lo quiera así, que emigre y se vaya, por ejemplo, a la India o el Senegal. Nos da igual.
La idea y propuesta de “Ahora, España” nos parece muy bien y es oportuna y necesaria, pero nos da en el meollo de que seguirá prevaleciendo la del pajolero país, porque así lo quieren nuestros políticos. Por cierto, que el 10 de noviembre se la juega España en las urnas. Y para conseguir que sea una nación en paz, unida, con trabajo y futuro, debieran de pactar y gobernar conjuntamente los dos partidos más importantes que, después del cambio político, han tenido hasta ahora la alternancia de Gobierno. Sin disminuir a nadie, personas o formación política, creemos que este es el remedio para curar el cáncer social, económico y político carpetovetónico, cuya metástasis a todos nos está contagiando con extrema gravedad ya. Y como remate, la amenaza existente de una nueva crisis que sería de unas consecuencias verdaderamente dramáticas.
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