Paz, convivencia y solidaridad
Esto es lo que falta y necesita este pajolero mundo nuestro, cada vez más dividido y enfrentado, ahora con una guerra comercial que lideran la China comunista y el democrático país USA, cuyo actual presidente es un esquizofrénico multimillonario; guerra comercial, por ahora, que tiene una repercusión nefasta a nivel mundial. Y que en el golfo Pérsico puede dar lugar a otro conflicto armado como aquel que estaba detrás de estar en la Casa Blanca sino en la suya, contando perras, que es lo suyo.
En cuanto a nuestro carpetovetónico país, llamado España (nombre que se fuman todos los políticos, todos, y nos machacan y aburren hasta la saciedad con lo de puñetero “país”, que resulta ya indigesto), aquí sí que brillante por su ausencia la paz, la convivencia y la solidaridad, que han sido prostituidas por todo lo contrario, como estamos viendo y viviendo, y ello cada uno de nosotros tenemos nuestro grado de responsabilidad. Una responsabilidad que es mucho mayor en nuestros políticos, porque son para nosotros como un espejo, y tenían que ser un ejemplo en nuestra sociedad, hoy politizada y prostituida de una manera indigna y vergonzosa.
Ahí tenemos las consecuencias: que, después de las elecciones del 26 de abril, seguimos con un Gobierno en funciones, polémicamente, y nos vamos de cabeza a otros comicios (para “comer” los de siempre a dos carrillos) en una España patas arriba, en una UE asombrada, perpleja, porque primero en el pasado, por otros motivos y hoy por estos, nos siguen conceptuando como un país de coña y pandereta. Y todo es porque nuestros políticos, sus excelencias y señorías, en vez de luchar y defender los intereses de España, son los suyos propios, ideológicos y de partido, como estamos viendo en esta escoñada legislatura con tanta incomprensión, egoísmo y chalaneo, pactos y tratos vergonzosos que demuestran el pelaje político de semejantes mercaderes. Y nadie de ellos, cualesquiera que sea su ideología, ha dicho lo que necesita la nación (otro nombre que se fuman los políticos, que no tiene color, y suena mejor que eso de “país”), y soluciones para remediar todos sus problemas, que son muchos, cuantiosos, como el paro, la falta de trabajo (como en nuestras cuencas mineras, que se dio cerrojazo a la explotación de su carbón, sin otras perspectivas de continuidad laboral, y ahora nuestros jóvenes no tienen futuro alguno), y llegar a conseguir que nadie pase hambre o necesidad, sobre todo esto, porque es injusto y vergonzoso que se diga que cada vez hay más ricos y más pobres. Con esto hay que acabar como sea.
Sí, la paz, convivencia y solidaridad. Mientras no practiquemos esto todos los ciudadanos, con entrega y generosidad, comenzando por nuestros descontados políticos, seguiremos pagando tumbos hacia ninguna parte, tanto social como políticamente. Y uno creo que no volverá más a tocar el tema de la nauseabunda política carpetovetónica ni de cuantos la enlodan, corrompen o prostituyen. Y nos vamos a ese paraíso que es el medio rural, sus montañas, sus bosques, sus pueblinos y aldeas, su bona xente, en donde la convivencia y solidaridad, al igual que la paz, son una hermosa realidad. Y diremos finalmente, desde esta España vacía, que esa causa que se está gestando en todos los países contra el cambio climático, espada de Damocles que pende sobre toda la humanidad, su mejor arma para combatirla serían esa convivencia y solidaridad entre todos los pueblos y gobiernos contra esa amenaza que puede llegar a convertir este planeta nuestro en un montón de basura perdido en el cosmos. Porque la convivencia y solidaridad todo lo pueden porque son básicas y necesarias, imprescindibles, en nuestra gran aventura de vivir. ¡Voilà!
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