¡Fuera okupas de la Catedral de Oviedo!
Hace doce siglos que la Santa Iglesia de San Salvador viene siendo lugar de peregrinaje de los cristianos del mundo entero camino de Compostela. También todo este tiempo, claro, un espacio de culto, recogimiento y encuentro con Dios. En ocasiones, qué desgracia, la Catedral ovetense fue destruida por la dinamita de los involucionistas mineros de octubre de 1934, en su intento de golpe de Estado contra el legítimo Gobierno de la República española salido de las urnas, y que vieron en la Cámara Santa ovetense el lugar ideal donde masacrar el corazón de la capital de Asturias.
Hace dos décadas, y durante casi un año, los trabajadores de Duro Felguera convirtieron nuestra Catedral en otra barricada en favor de sus puestos de trabajo, sin saber, parece ser, que para hablar con Dios no es preciso encerrarse en los muros de ninguna catedral. Eran los años de grandeza del ladrón José Ángel Fernández Villa, cuando este formaba parte de la ejecutiva nacional del Partido Socialista, y cuando era adorado por toda la sindicalería asturiana, a la que por detrás esquilmaba.
Ahora, tres trabajadores de otra empresa en crisis vuelven a tomar nuestra sede catedralicia como si de un cruce de autopista se tratara. ¿Acaso la Iglesia es la culpable de la situación laboral de estos trabajadores, la culpable de la deslocalización de la industria para la que trabajan y que, parece ser, no arroja pérdidas en su cuenta de resultados? ¿No será que la Administración socialista del Principado de Asturias lleva 40 años desgobernando nuestra región sin escrúpulo alguno y viendo cómo solo se enriquecen los propios políticos que tan mal nos administran? ¿No será que desde la década de los ochenta del pasado siglo Asturias no ha hecho más que declinar por la falta de entidad de sus dirigentes socialistas y la connivencia de los sindicaleros? ¿No será que la mal llamada “reconversión industrial” no ha sido más que un eufemismo en manos de los propios sindicaleros, que la asumieron para su propio enriquecimiento y sin que este revertiera en beneficio de los trabajadores a los que, supuestamente, formaban y a los que defendían? ¿Cuál ha sido y en qué ha consistido esta “reconversión”, sino en un despilfarro mayúsculo y en un motivo más para profundizar en la crisis asturiana en la que nos debatimos desde hace cuarenta años?
Si quien está llamado a negociar y resolver esta crítica situación es el Gobierno del Principado de Asturias con Adrián Barbón a la cabeza, ¿por qué los trabajadores de Vesuvius no se encierran en la sede del Parlamento asturiano, o en la Delegación del Gobierno de España? ¿Tal vez porque podrían ser desalojados por las buenas o por las malas en un abrir y cerrar de ojos, sin la complacencia de la Iglesia católica? ¿Por qué no se encierran en alguna de ocho mezquitas de Asturias, tal vez por temor a la escasa complacencia de los musulmanes?
¿Por qué los desgobernantes socialistas asturianos vienen permitiendo la instalación en Asturias de empresas de medio pelo (Alas Aluminium, Diasa, Kerkus Metals o Venturo XXI), sin gestionar debidamente dicha implantación y las condiciones subsiguientes que dejen al margen decisiones unilaterales en perjuicio de sus trabajadores? ¿Por qué la medalla de oro del Principado de Asturias al despilfarrador Tini Areces, incapaz en su día, entre otros muchos desmanes, de resolver adecuadamente tan desastrosas gestiones como esta?
Sobra escribir que mi deseo es el de una solución tan favorable como rápida en pro de los trabajadores de esta empresa. Tan rápida como debería ser la decisión de abandonar voluntariamente su condición de okupas. En este caso, claro, se aprovechan de la bonhomía del cabildo catedralicio, que, entendiendo tan crítica situación, les da cobertura con la magnificencia propia de la Iglesia católica. La misma a la que la izquierdorra extrema quiere convertir en su enemigo. ¡¡Fuera okupas de la Catedral de Oviedo!!
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