Memoria histórica
Es curioso (segunda acepción de la RAE) que la ley de Memoria Histórica (tiene bemoles establecer la memoria mediante ley), nacida, parece ser, para recuperar los cadáveres dispersos por el país por la represión franquista y no por la republicana, pues han decidido que no la hubo, y devolvérselos a sus familias para su inhumación, se utilice ahora no para recuperar el cadáver de un soldado, que bien saben dónde está, sino para trasladarlo sin permiso de su familia y sin entregárselo a ella. En la democracia del Doctor Plagio, las familias no deciden dónde entierran a sus deudos, lo decide el Gobierno, pues sabemos que quien hace un cesto hace un ciento. Esto, bendecido o no por los tribunales de justicia, es más propio de una dictadura de izquierdas, que también las hay, que de una democracia europea. Da la impresión de que el Doctor pretende ahora, después de 80 años, ganar la guerra. Lo que hace, aplaudido por sus acólitos, no es más que retorcer la ley, cuestión que se le da mejor que gobernar.
No estaría de más que, retorciéndola, se utilizara por los ministerios correspondientes para conocer quiénes fueron los “jueces” y los valientes luchadores por la libertad (verdugos) que durante el régimen republicano asesinaron a miles de inocentes. De estos asesinos hoy no se habla, y la juventud cree que no existieron.
Para recuerdo cito una vez más a alguno de los “más peligrosos” de Avilés y cercanías: el artista candasín Antón, joven, culto, pobre y creyente; el fundador y director de un periódico local; todos los varones de una conocida familia de Miranda; un conocido abogado con la huella de su fusilamiento presente hasta hace poco en un árbol del cementerio; el hermano de un amigo que vivía en la misma escalera que el alcalde David Arias y cuando su madre le pidió ayuda le contestó que “a todo gochín le llega su sanmartín”, su delito, ir a misa, y así miles.
El presidente en funciones, alguno de sus ministros y muchos de sus acólitos televisivos argumentan después de cuarenta años que no puede ocupar un sitio preferente un soldado que ganó la guerra iniciada contra un catastrófico Gobierno que estaba destrozando el país y asesinando a todo ciudadano que no comulgara con sus ideas. No es deseable y lo condeno absolutamente, pero es inevitable que, liberado el país del desastre del Frente Popular, aparezca la venganza liderada por individuos de la misma calaña que los verdugos anteriores, pero a estos, al menos, les proporcionaron “razones”. Yo, seguramente equivocado, considero que esto no es suficiente para denostar a todo un periodo de gobierno que trajo durante cuarenta años la paz, la prosperidad y las relaciones normales con todos los países del mundo. Así, considero que el cadáver está bien donde está, como también lo consideraron los presidentes Suárez, Calvo-Sotelo, Felipe González, Aznar y Rajoy; pero nos topamos ahora con el ilustre Copiador aludiendo a las penas de muerte firmadas por Franco.
¿Quién del Partido Socialista firmó las muchas sentencias de muerte que se produjeron formando parte del Gobierno republicano?
¿Quién firmó la sentencia contra los dos etarras que acabaron enterrados en cal viva en Alicante?
En papel, por favor
¿Quién autorizó a los terroristas de los GAL y pagó su silencio con dinero público?
¿No fue Carrillo diputado habiendo sido responsable de los asesinatos gubernamentales de Paracuellos?
¿No hay una calle en la cuenca minera asturiana honrando al socialista Belarmino Tomás, responsable de múltiples asesinatos en el barco cárcel “Caso de los Cobos”?
Se quejaba el Doctor porque alguien llamó criminal a su partido. ¿Acaso no llama él corrupto al PP porque algunos de sus miembros se corrompieron?
¿Cómo se llama a quien comete un crimen?, ¿acaso no se llama criminal?
El Doctor Copia y escritor por delegación (¿qué fue de la escritora Lozano?) se atreve hoy a hablar de honradez cuando tiene a todos los que fueron cúpula de su partido de Andalucía en el banquillo por utilizar el dinero de los parados incluso para comprar cocaína, según confesión de uno de los acusados. Hay que tener mucho “morro”.
No soy ningún nostálgico del pasado a mis 84 años, pero no me gustan las mentiras para adecentar la ideología, y acabo con una verdad que reconocerá todo Avilés. Asentado el Gobierno de Franco, se instalan en Avilés grandes industrias; hoy, con el Gobierno del Doctor, todas están en peligro, y su ministra de Industria tocando la pandereta.
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