Pensando de que
“Bueno, pues más o menos con todo lo que tenemos, yo creo que esto va a ser...”. Así debió de iniciar su intervención Manuel Marchena en la deliberación posterior a dejar el juicio del “procés” como “visto para sentencia”. O al menos así debería haberlo hecho si quisiera haber sido ungido por la gracia de algún ente incorpóreo, de esos que nos llenan el espíritu de sabiduría, fuerza y bondad para que aleccionemos al resto de pobres mortales sobre cuestiones de las que, casualmente, en este mismo momento estamos más que puestos. Y la cuestión no es tanto lo que pueda parecernos a cada uno la sentencia dictada por el Tribunal Supremo, sino el atrevimiento que nos lleva a criticarla e, irónicamente, juzgarla, sin tener la menor base jurídica para ello. El derecho a poder opinar libremente viene con la obligación (ética, por respeto a la memoria) de saber también callarnos la boca, y con la responsabilidad de tratar de diferenciar la delgada línea entre “pensar”, “pensar de” y “creer que”. A este paso, esa doble vida que todos llevamos, cada vez menos en secreto, a caballo entre economistas y entrenadores de fútbol, va a volverse tan compleja que un día nos tocará ser siervos de Dios cuando vayamos a la cama con nuestra pareja. La cuestión no radica en nuestra opinión sobre la sentencia, sino en el valor para atrevernos a desmontarla sin tener ningún tipo de argumento o conocimiento jurídico más allá de lo que a nosotros nos parece. Lo escribió Descartes en su “Discurso del método”: “Je pense, donc je suis”. Pienso de que... luego existo. A ver quién se atreve a decirle a Marchena que, tras la judicatura, el doctorado y los años de oficio, para presidir la Sala Segunda del Tribunal Supremo le hubiera bastado con estar un poquito más activo en Facebook.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

