Catastrofistas

17 de Octubre del 2019 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

“Si algo malo puede pasar, pasará”. Esta ley ha obligado a que exista un catastrofista profesional para elaborar planes de emergencia y tener previstos posibles riesgos. Sin embargo, la política solo considera probable su propia autoestima, que considera correcta.

La sequía: “Diez años atrás los alimentos habían empezado a escasear cuando las lluvias de la estación esperadas en algunas importantes zonas agrícolas no se presentaron”. (J. G. Ballard*, “La sequía”).

El mundo sumergido: “Las tormentas eran ahora cada vez más frecuentes a medida que subía la temperatura (...) El trazado de mapas biológicos se había convertido en un juego sin sentido, y la nueva flora aparecía siguiendo exactamente las líneas previstas veinte años antes. Estaba seguro de que nadie en el campamento Byrd de Groenlandia del Norte se molestaba en archivar sus informes y mucho menos en leerlos”. (J. G. Ballard, “El mundo sumergido”).

En la sequía todo está yermo bajo un grande e intenso azul. En el mundo sumergido llueve con intensidad bajo un enorme cielo oscuro. La primavera es solo un tránsito en la alternancia permanente entre los extremos en una estrecha franja entre paralelos. La mar golpea con persistencia contra las rocas porque ya no hay playas, y las mareas y los vientos no han desmenuzado aún las rocas. Ríos de barro secos se agrietan en los surcos de los surcos de una tierra abrasada. En las abundantes marismas que anegan los barrios bajos: algas y musgos; en la ciudad seca y abandonada: nada. La última rata, ciega y enloquecida, se mordió a sí misma hasta morir acorralada en una esquina del más recóndito rincón, en el más profundo de los sótanos.

Cuando la falta de alimentos motivada por la sequía y el agotamiento de las Capas freáticas fuerce a emigrar hacia el Norte; cuando tormentas y mareas inunden poblaciones forzando a abandonar las zonas bajas para desplazarse a las altas, quizás poseer una gran isla como Groenlandia sea un lujo a pretender, y no una torre VIP en cotas bajas. Pero, salvo por el peculiar presidente de EE UU, Donald Trump, que quería comprar Groenlandia, nada más parece estar previsto.

Con la realidad del cambio climático se debería evitar la construcción de torres y equipamientos en antiguos humedales de cota baja. Pero solo está previsto construir, sea como sea, sin prevenir lo advertido por los catastrofistas: siempre tan políticamente incorrectos.

(*) J. G. Ballard fue aquel niño optimista y positivo nacido en Shanghái de la película “El imperio del sol”, basada en su novela homónima.

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