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Los vendedores de GEA

19 de Octubre del 2019 - David Prado Fernández-Villarmarzo (Gijón)

Estas siglas (GEA) corresponden a Gran Enciclopedia Asturiana, ambiciosa obra editorial que parió en Gijón el editor Silverio Cañada Acebal allá por 1970. Muy poca gente creía en este proyecto de Silverio, incluido su padre, que se dedicaba a negocios muy distintos (Toldos Cañada), pero salió adelante. A Cañada le acompañaron en la dirección de GEA Luciano Castañón, escritor e investigador fallecido en 1987 con tan solo 60 años, y José Antonio Mases, escritor, investigador y editor. Aparte de continuar escribiendo, Mases colabora con unos excelentes artículos en un diario regional.

La GEA se lanzó primero en fascículos coleccionables. Enseguida se comenzó a comercializar por tomos con un equipo de ventas que se encargaba de buscar suscriptores. Vamos, de vender enciclopedias por toda Asturias directamente al lector. Sí, éramos vendedores de libros.

Del equipo de ventas que conocí cuando me incorporé a GEA como vendedor, en 1972, es de lo que quiero hablar en este artículo para rendirles un pequeño y meritorio recordatorio-

El gran jefe era el propio Silverio Cañada, había sido vendedor y le gustaba seguir de cerca al equipo comercial. Silverio falleció tempranamente, en 2002, cuando tenía tantos proyectos personales y profesionales pendientes. Su hijo Silverio continuó su labor editorial.

Nuestro jefe directo fue Fernando Álvarez Conde, profesional de gran valía, buen compañero y mejor amigo. Lamentablemente también se nos fue bastante temprano. Fernando sabía tratar a cada persona según su carácter y forma de ser. Tuve una gran relación personal con Fernando, fue el padrino de mi hijo, y le recuerdo con mucha pena pero con orgullo de haber sido su amigo.

Sigüenza fue un vendedor al que traté muy poco y desconozco su situación actual. Con Pedro Lebrón sí tuve más trato durante su etapa en GEA y posteriormente nos hemos visto en alguna ocasión. Buen vendedor y buen compañero. Celestino Iglesias era el trabajador incansable, el vendedor con orejeras, le decíamos. Se fue por otros lares, como todos, pero volvió a trabajar en GEA de la mano de Silverio Cañada hijo. Ya hace bastante tiempo que no le veo.

A Enrique García Gallo le veo de vez en cuando por el centro de Gijón. Magnífico vendedor en Asturias y en Galicia con la Gran Enciclopedia Gallega. Gonzalo era camarero en el antiguo café San Miguel (el de la Plazuela). Nos veía a diario tomando café y hablando de ventas y ganancias. Dejó el café y se dedicó a vender con gran éxito. Le veo alguna vez por Contrueces y quiere venderme un trastero. Samuel Carbajo tenía una furgoneta expositora con la que recorría ferias, mercados y cualquier evento en Asturias. Él no conducía, por lo que tenía que llevar a su mujer. Era el clásico paisano que vendía la enciclopedia como si fuese un tractor o una finca. Clemente Sánchez fue también vendedor, aunque estaba muy preparado para otras ocupaciones. Acabó en Cepsa de La Coruña, pero le he vuelto a ver por Gijón.

Albino Suárez era poeta, escritor y vendedor. Buena gente, sin duda. También colaboraba con un periódico regional desde Laviana. Sabino, primero vendedor de GEA y luego taxista en la plaza del Parchís. Nos cruzamos hace unos días por el parque Los Pericones, él corriendo y yo andando. Estaba muy bien y encantado de ser abuelo. Paco Bello también recorría con su furgoneta toda Asturias, y luego Galicia. Manuel Rubio era el único vendedor de Oviedo capital. Luego tuvo un importante negocio propio. Le encuentro alguna vez por Colloto, donde vive. Mario fue vendedor de la última hornada, hermano de Fernando, trabajó para GEA y Ediciones Júcar, editorial propiedad de Silverio.

A Silverio le gustaba realizar con todo el equipo excursiones gastronómicas por Asturias. Tan pronto íbamos a Soto de Agues a degustar un buen cordero a la estaca, a La Bombilla en Caldones a comer unes tortilles, al Cristal en La Camocha en busca de un buen arroz, al Castillo cerca de San Juan de la Arena a comer angulas... Por aquellos tiempos podías fartucate de angulas sin gastar una fortuna. Angulas al ajillo de primero, tortilla de angulas de segundo y, en plan broma, angula con guinda de postre.

Muy gratos recuerdos de este magnífico equipo de personas y vendedores, los tendré siempre en mi memoria. A los que ya no están con nosotros les deseo que les vaya bonito allá donde quiera que estén, y a los que están por estos lares igual les deseo, que les vaya muy bonito.

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