No hay derechos bajo la represión
Después del golpe de Estado en Cataluña, llevado a cabo por el Gobierno del PP, con el apoyo del PSOE y de Ciudadanos, aplicando el 155 y que se concluyó por el envío de la Guardia Civil y Policía Nacional, y la encarcelación de los nueve líderes independentistas, henos aquí de nuevo, dos años después y una vez conocida la sentencia pronunciada por el Tribunal Supremo, en el punto de partida sin que las cosas se hayan movido un pelo. Lo que sí se ha movido en estos últimos días es el incremento de los palos proporcionados por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que se añaden a los proporcionados en aquel entonces incrementando así el cómputo de la suma.
Naturalmente, tanto el Gobierno en funciones como el trío del 155 de 2017 subrayan la violencia callejera, llevada a cabo por varios centenares de “violentos” entre los cuales no siempre se sabe muy bien quién es quién; sus voceros respectivos inundan sus planas con titulares e imágenes sensacionalistas. Sin embargo, por lo menos hasta ayer, 18 de octubre, la parte reservada en la información a las manifestaciones, marchas y diferentes movilizaciones en las que los participantes se podían contar por centenas de miles era inferior.
Nos encontramos frente a un desastre anunciado y quienes nos han conducido hasta ahí son, por una parte, el supuesto “Estado de derecho” invocado por el PSOE, PP y Ciudadanos un día sí otro también, y por la otra, los inconsecuentes líderes independentistas, que no solo no iban en serio sino que además no disponían de la correlación de fuerzas necesaria para imponerse, aunque esto último tampoco les preocupara mucho. No obstante, los años de cárcel y la represión, no solo en este caso sino también en todos los vividos por líderes sindicales, raperos o titiriteros, desde la aplicación de la Ley Mordaza, es no solo un atropello sino también un abuso del poder; a estas alturas solo cabe la amnistía para todos aquellos que han sido represaliados defendiendo sus derechos.
Para Casado no cabe la menor duda, los actos que se están produciendo en Cataluña son “kale borroka” y ya promete que cuando el PP vuelva a gobernar pondrá orden aplicando de nuevo el 155. Si para Casado lo que pasa en Cataluña es “kale borroka”, para Rivera Barcelona es Alepo y Bagdad al mismo tiempo y pide a gritos la aplicación del 155 ya. No cabe duda de que estamos en periodo electoral y no es de extrañar que cuando Abascal pide una convocación urgente del Congreso para votar la aplicación en Cataluña del estado de excepción previsto en la Constitución, Casado y Rivera empiecen a dar pasos en esa dirección. Aunque el PSOE parece más comedido, él también enarbola la bandera españolista y no se andará por bambalinas, como no paran de decirlo sus portavoces, cuando tenga que aplicar todo el peso de la ley en Cataluña y en donde sea. El objetivo es simple: preservar los intereses de los capitalistas, se llamen Pau o José.
Si el derecho a decidir y la autodeterminación son reivindicaciones legítimas, no obstante, su aplicación exitosa no verá la luz mientras el aparato del Estado y los medios de producción estén en las manos de los poderosos. Solo la clase trabajadora, mediante su lucha contra la explotación social impuesta por la dictadura económica de la burguesía, y una vez los medios de producción en sus manos, será la garante de la aplicación de la autodeterminación y del derecho a decidir para las poblaciones que lo deseen. No obstante, y a pesar de todo, en Cataluña como en el resto del Estado español quienes fichan todas las mañanas en sus empresas respectivas son víctimas de la opresión impuesta por aquellos para quienes fichan. Olvidarlo conduce a un callejón sin salida. Lo estamos viendo.
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