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Ansu Fati y los otros

29 de Octubre del 2019 - Marcelo Noboa Fiallo (Gijón)

Ansu Fati es la nueva estrella emergente del fútbol español. Con 16 años ha debutado en su equipo, el Fútbol Club Barcelona. Ya no es una promesa, es una realidad para el espectáculo deportivo y para el negocio del fútbol. Su equipo le ha hecho un contrato millonario, como hizo en su día con Leo Messi.

Ansu Fati procede de Guinea-Bisau. Llegó a España con sus padres, huyendo de la miseria y de la guerra, como tantos miles de compatriotas que sueñan con Europa, pero en pocos casos ese sueño se convierte en realidad.

En el pasado Consejo de Ministros, el Gobierno español le ha concedido la nacionalidad española, por la vía de urgencia, a petición de la Federación Española de Fútbol, para que pueda representar a España en sus compromisos internacionales. Con tan solo 16 años, se dudaba de si era mejor que debutara con la sub-21 o con la selección absoluta. Se ha optado por lo primero, gracias a la celeridad del Consejo de Ministros, que ha seguido la estela del brasileño Diego Costa o de los jugadores de baloncesto Serge Ibaka y Nico Mirotic.

No tuvo la misma suerte el libanés Ara Malikian, considerado hoy uno de los mejores violinistas del mundo. Su “mala suerte” no ser futbolista como Asun Fati, pero toca el violín como los dioses. Esto no interesaba en el Consejo de Ministros, por ello Malikian vivió durante años un verdadero vía crucis para conseguir la nacionalidad española.

Obtuvo su permiso de residencia en España el 10 de agosto de 2011, aunque llevaba varios años viviendo y trabajando en nuestro país y pagando sus impuestos. Cursó la petición de nacionalidad el 9 de marzo de 2010, cuando aún no se habían cumplido los diez años de residencia, requisito que la Administración española exige, salvo que medie matrimonio con ciudadana española. Muchos fueron los que le aconsejaron que se casara con su actual pareja, con la que además tiene un hijo; pero él, fiel a sus principios, entendía que no podía utilizar esa triquiñuela para obtener la nacionalidad, ni tampoco quiso recurrir a las numerosas personalidades del mundo de la cultura y de la política que estaban dispuestas a interferir por él. Sencillamente le parecía absolutamente kafkiana su situación, hasta que corrió como la pólvora por las redes sociales y por los distintos medios de comunicación la gran estupidez gubernamental y surgieron los miles de adhesiones a su causa, denunciando la vergüenza que ello suponía para España. Sólo en ese momento reaccionó el Gobierno.

“¡Yo soy español, español, español... Yo soy español...!”. Así cantaba y sonreía por las calles de Sevilla, envuelto en las banderas de España y Andalucía, Howard Jackson, conocido como el “negrito que vende pañuelos”, después de obtener la nacionalidad española tras 19 años intentándolo.

Tiene 42 años y huyó de la guerra civil de su país natal, Liberia, donde muchos de sus amigos y familiares han muerto: unos, de hambre; otros, a machetazos.

Sobrevive en la ciudad que inspiró óperas como “Don Giovanni”, “El Barbero de Sevilla”, “Carmen”... vendiendo en los semáforos enfundado en un disfraz de elfo. Le gusta el transformismo y estudia Derecho por la UNED. Su sueño, llegar a ser juez.

Mientras tanto, miles de inmigrantes que, igual que Howard Jackson, huyen del hambre, la miseria y las guerras, no consiguen sus objetivos y mueren en los largos y agotadores trayectos víctimas de las mafias o sobreviven en condiciones más que lamentables en los centros de refugiados de Lampedusa (Italia), islas griegas, Turquía... a las puertas de la soñada Europa o ahogados en el Mediterráneo, nuestro particular cementerio, para vergüenza de todos.

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