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Olga Seco, olé, olé y olé por tus valientes alegorismos

23 de Octubre del 2019 - José Viñas García (Oviedo)

No es fácil que una profesional (mujer) opine sin ataduras, fuera de ideologías y modas de cada momento. Por ello, me place de nuevo resaltar a esta periodista diferente y especial dentro de un mundo llevado por el “queda bien” y el seguir como palurdas las consignas de colectivos retrógrados.

Si entendemos por alegoría “el arte de la plasmación en el discurso de un sentido recto y otro figurado”, lo real es lo que pasa; lo figurado, lo que nos quieren hacer ver.

Cuando dentro de una pareja ocurren cosas, están siempre limitadas a los demás por el derecho a la intimidad personal entre paredes, puertas y ventanas. También es ajeno a quien pretende ver más allá los problemas reales de cada cual: las necesidades, miserias, las adicciones y locuras que entre ellos se permitan y extralimitan. Podría darse el caso, es anormal tener que decir obviedades, pero para las amigas de la propagación del chisme (hablando en un lenguaje inclusivo, ese que gusta a las feministas) lo que ocurra en casa ajena pueda que les escandalice a ustedes y sea tan figurado todo como la vida misma. Se han pensado alguna vez nuestro paso por esta vida, el por qué somos así, nacemos así, vivimos así y morimos sin saber por qué carajo nos trajeron a este maldito mundo para unos y excelente divertimento para otros. Aunque tarde o temprano todos padeceremos el desgaste de nacer, convivir y vivir.

Creo que la vida tiene mucho que ver con lo que ocurre entre las parejas, nos preocupamos más de saber de sus miserias que de solucionar sus necesidades. En ellas conviven el amor, la amistad, el desamor, las enfermedades, drogas, locuras, necesidades, vicios, soledades, inquietudes, traiciones, brusquedades... y algo que ustedes no se paran a desarrollar: la precariedad. Si entresacan datos verán que los crímenes entre familias acomodadas son bajo o nulo. Cuando se necesitan mutuamente y las pasan canutas para llevar adelante la familia, si uno de los dos se decide separar, la ruina está servida para ambos, pero muy especialmente (por esta discriminatoria ley de violencia de género) para el hombre. La ley jamás puede dar ventajas a una parte para que se aproveche de ello si fuera el caso con mala intención. Ya que damos la posibilidad de, con denuncia falsa, sin testigos o con ellos tan de falsos, hundir para siempre a quien jamás pensó encontrarse en esa situación, lo que trataba de explicar (y mal entendido por algunas) Olga Seco: “Eso de vivir bajo sospecha sin ser culpable es de las peores cosas que puede vivir un ser humano”. Que luego redondeó con una reflexión que tampoco usted, Ana María, quiso calibrar: “A diario, junto al invisible y tácito silencio, vemos cómo las malas acciones de una minoría sirven para culpabilizar a la mayoría”. Se lo explico: los hombres en general no son culpables de los casos violentos que cometen unos pocos.

A usted, señora Ana María, no la llamaré machista ni feminista, como usted hace con Olga, pero, en efecto, el peor enemigo de una mujer es otra mujer, como el peor enemigo de un hombre es otro hombre. No solo refiriéndome al aspecto que también toca de infidelidades y celos; sin otra mujer dispuesta a entrometerse entre la pareja, la solución a este tema sería diferente. Pero mire bien, en todo estos y todo lo demás, le acepto y también considero que tanto la mujer como el hombre son capaces de lo mejor y de lo peor. Si interpretamos esto, sobrarían colectivos enaltecidos cuando pasa alguna desgracia que tanto a hombres como a mujeres nos llenan de rabia y dolor.

Claro que algunos hombres difaman, claro que algunos hombres son unos perfectos energúmenos, pero también (si no aceptamos esto, sobran mis reflexiones) algunas mujeres son capaces de imitarlos y ganarlos en estrategia y engaño. Solo les falta la fuerza bruta para ganarlos en todo.

Dejemos el tema tal y como dice: Hay hombres malos y buenos y hay mujeres buenas y malas. Creo que en ambos casos menos malos y malas de los que algunas pretenden predecir.

Por todo ello, pido abolir ese apartado de la ley de violencia de género que, con una sola llamada, incluso de la vecina o prima que pone el oído para escuchar discusiones que seguramente no llegarían a más, pero en el momento que se entrometan otros, sobre todo abogados prestos y dispuestos a entrevenar todo, a sacar tajada de donde sea; la cosa se complicará para los implicados. Las denuncias falsas, en efecto, son muchas más de las que nos quieren hacer ver. ¿Quién lo sabe?, amigos míos, lo mismo que cuando es verdadera.

Estos colectivos y estos abogados viven de las miserias de los demás, de los desacuerdos, tienen intereses ambos de que este tema crezca en dimensiones que no sabemos dónde llegará. Está pasando hasta con las películas, no se diferencia en esas alegorías la realidad de la representación. La censura crece, las moralinas también, la hipocresía no digamos, criticamos la paja en ojo ajeno, pero la viga en el nuestro ¡no!... el mundo va para atrás en este aspecto.

Para finalizar: la profesional Olga Seco no está de parte de nadie cuando expresa esa alegoría entre hombres y mujeres, “pretende dar una imagen a lo que no tiene imagen, para que pueda ser mejor entendido por la generalidad”.

¡Ya sé!, da igual, para esos colectivos los hombres son todos unos canallas, las mujeres la bondad divina. Siempre estarán dispuestas a sacar tajada de cada desgracia, muerte o violación. Son aves carroñeras, viven de la mierda y pretenden salpicarnos el olor a todos, marcarnos con fuego si fuera necesario. Pues me niego en rotundo, nos necesitamos ambos: mujeres y hombres. Ninguno de los dos merece ser considerado más y mejor según tenga vagina o pirulina. Un abrazo.

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