Una versión diferente sobre Cataluña
Una ciudadana de Gijón, con nombre y apellidos, que no voy a mencionar en esta carta, se ha dirigido a este periódico con su particular mensaje titulado "No hay derechos bajo la represión". En mi opinión, esta persona tiene un concepto muy equivocado de lo que está pasando en Cataluña. Posiblemente esa equivocación se deba a que se informa de los acontecimientos que ocurren a diario en dicha comunidad autónoma a través de medios de comunicación adeptos a la causa separatista que está ocasionando un drama en esa parcela del territorio español.
En primer lugar, quiero dejar claro que ninguna comunidad autónoma tiene derecho a la autodeterminación o a decidir sobre su independencia. Esto está recogido en el artículo primero de nuestra Constitución, aprobada en su día por la gran mayoría de los ciudadanos españoles, y por más del 80% de los votantes de Cataluña. Este es un tema que no deja lugar a dudas en cuanto a la convocatoria de referéndum o consultas que son ilegales, salvo que se hagan a nivel nacional, es decir, con la participación de todos los españoles con derecho a voto.
No voy a entrar a calificar o descalificar el contenido de dicha carta, ya que demuestra muy claramente que es un cúmulo de despropósitos y falsedades redactados por una persona muy interesada en lo que ocurre en esa zona de nuestro territorio. Lo que me mueve a escribir esta carta es que Cataluña y sus gobernantes no quieren la independencia, lo que quieren es más autogobierno para hacer y deshacer cuanto les venga en gana. Para ello utilizarán todas las competencias que tienen transferidas y las que les faltan. Una de ellas es precisamente la de Instituciones Penitenciarias, que utilizarán para sacar de la cárcel a los condenados en el "procés". Pero no conformes con esto, seguirán chantajeando al Gobierno central, pidiendo más dinero para dilapidarlo o malversarlo, como pagar al huido Puigdemont y sus acólitos, que viven como reyes en Bélgica. Esto no es de ahora, ya en tiempos del patriarca Pujol, este hacía viajes a Madrid todos los meses para pedirle al Gobierno español, presidido por don José María Aznar, más dinero del que les correspondía por el reparto establecido en los Presupuestos Generales del Estado. En una ocasión, el señor Aznar le preguntó a su homólogo catalán que cuándo iban a dejar de pedir, y este le contestó: "Esto nunca se acaba". Pero lo que nunca se acababa era el cobro del 3% de las obras que se hacían con cargo a los Presupuestos del Estado español, que aún no se sabe cuánto dinero amasó ese viejo chantajista durante tantos años.
¿Y cuáles son las consecuencias de todo lo que viene ocurriendo desde hace dos años? Pues que Cataluña se va a parecer más a la provincia de Teruel que a ninguna otra. Lo peor de todo es que esto puede durar muchos años, mientras gobiernen personas de la estopa de Torra y su tropa, esa región irá de mal en peor. El próximo 10 de noviembre, los españoles tendremos la última palabra sobre ese conflicto, pero eso será según el partido que gane las elecciones.
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