De las urnas a la paz y a la unidad de España
Las próximas elecciones, el 10N, ya están ahí, a la vuelta de la esquina, y mucho es lo que se juega España, lo que nos jugamos todos sus carpetovetónicos ciudadanos. La pelota está en el tejado, inalcanzable, y seguro que caerá bien sobre el PSOE o el PP, que son los dos partidos más importantes y con alternancia y experiencia de Gobierno. De producirse pactos para poder gobernar, creemos que el de estas dos formaciones políticas sería el mejor y el más beneficioso para España. Quizá lo estén elucubrando ya Sánchez y Casado.
El nuevo presidente y su Gobierno se pueden apuntar un gran tanto, sorprendente y asombroso, como lo es el poner en libertad y en la calle a todos los presos separatistas catalanes, e incluso reponerles en los cargos políticos en los que fueron elegidos ya sea aquí o en la UE. Pero esto, naturalmente, estaría condicionado a un cambio total de la política y políticos que hasta ahora siguen con esa locura separatista y republicana, en estos momentos se ha agudizado en la calle la confirmación de las penas impuestas por el Tribunal Supremo a los sediciosos catalanes. Y en la calle están también todos los mandamases políticos dando ejemplo o antiejemplo de la más indigna y vergonzosa demostración antidemocrática y constitucional con pancartas y toda esa parafernalia sediciosa y separatista. Bueno, como el presidente Torra y su Gobierno están en la calle contra el fallo del Supremo, esto los descalifica por completo y deben ser desposeídos de sus cargos políticos y para casa. Y a formar un nuevo Gobierno, no “contaminado”, que cambie las cosas e inicie un diálogo con el Gobierno central, que es la única forma de poder resolver y solucionar el problema catalán. Por ejemplo, volver a la conexión democrática que se tuvo con Tarradellas y cortar de raíz la que inició el corrupto y chorizo del Pujol, que, hereditariamente, ha prevalecido hasta ahora para desgracia de esa gran región que es Cataluña, cautiva hasta ahora.
Diálogo, sí, y un buen entendimiento entre Madrid y Barcelona. Por ejemplo, que en el cambio político tenemos el mejor ejemplo: Suárez y Carrillo, y aquí lo vemos en esta lograda y ejemplar Transición. Sí, de las urnas a la paz y unidad de España.
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