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Quilino "el Llistu"

27 de Octubre del 2019 - Ricardo Luis Arias (Aller)

Si hay personas y personajes que hacen historia y en ella quedan para siempre de una forma destacada y recordativamente, ese ha sido el allerano Aquilino Fernández García, de Río Aller, conocido como Quilino “el Llistu”, apodo que justificaba lo mucho que sabía aquel enorme paisano que había visto y vivido mucho mundo. Vivencia que comenzó en Marruecos, en aquella absurda guerra colonial, que tanto luto y dolor trajo para muchos hogares españoles, casi todos ellos de la clase humilde y trabajadora. Y en esa contienda africana, “el Llistu” llegó a ser cabo, de lo que presumía como si fuera un general. El ascenso fue más que merecido, porque con una ametralladora defendió él solo, en Xauen, una posición hasta que llegaron los refuerzos. En aquella Columna Volante mandada por el general Silvestre, que fue un verdadero fracaso militar y muerte de casi todos los soldados y oficiales que la mandaban –hasta el propio Silvestre perdió la vida en su fracasada operación militar–, en esa columna iba el cabo Quilino “el Llistu”, de la que logró escapar matando a un moro vestido con su chilaba y ropaje. Nada, que el allerano Quilino “el Llistu”, con su aventura bélica africana y sus galones de cabo, fue recibido como un héroe por sus conciudadanos. Y su fama comenzó a hacer historia.

Conocimos a este gran paisano del medio rural de Aller, en diciembre de 1938, “con cuarenta años en cada pata”, como nos dijera él. Y él fue el que nos contó el caso que vamos a recordar, y otros que traeremos aquí, como por ejemplo con el caso que será final de este relato, todo ello sazonado con un sentido del humor que es proverbial en Aller. Sí, Quilino “el Llistu”, corpulento y fortachón él, era un hombre alegre y divertido que solía rematar las situaciones (sobre todo si eran desagradables o de fanfarria por el oponente), con una fuerte carga de humor y de ironía, como luego veremos. Quilino estaba casado con Ramona, la moza más guapa de Felechosa, y mira que hay moces guapines en este importante y rico pueblo allerán, y él fue el que se la llevó al huerto y a la vicaría, dejando chafados a un montón de pretendientes.

Quilino y Ramona, o Ramona y Quilino, eran tal para cual, formando una pareja que llamaba la atención, ya fuera en Aller o Xixón. Era un matrimonio feliz, bien apañau, que tenía también su gracia y humor, por aquello de que dos que duermen en un mismo colchón terminan siendo de una misma condición. “El Llistu” tenía un gran cariño por su pueblín de Río Aller, tan olvidado siempre, sobre todo entonces, por los políticos municipales y provinciales, y era el que más sabía de su historia. La referente a la guerra carlista de una manera muy particular porque en Río Aller los carlistas de Faes, su aguerrida y famosa guerrilla de caballería, tenían allí su refugio, bien protegidos y con alambrada y grandes cargas de dinamita en las Foces. “Tanto ye así –decía Quilino– que ni el mismu Napoleón se hubiera atrevío a cruzar les Foces”. Por lo pronto, los liberales o isabelinos jamás pasaron de Casomera, como de todos era sabido.

Don Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa de Asturias, además de en sus Picos de Europa, tenía en los montes alleranos su otro cazadero favorito, y en Felechosa construyó un gran refugio muy bien acondicionado en el que se alojaba y celebraba sus cacerías, gástrica y etílicamente, con sus invitados y los paisanos amigos que tenía en Aller, destacando de entre los más íntimos al tío Jesús Argüelles, de Conforcos, y Aquilino Fernández, de Río Aller, popularmente como Quilino “el Llistu”, al que Pidal tenía un gran aprecio. Y en una de aquellas comilonas un invitado y amigo que se había traído el marqués, y que era a la sazón diputado (en aquel entonces también lo era Pidal, cuyas intervenciones en el Congreso de los Diputados, en Masris, fueron famosas y espectaculares), la tomó con Quilino, del que quiso pitorrearse, comenzando por tutearle en un tono despectivo. “Oye, paisano, ¿por qué te llamas “el Llistu”?”. Contraataque de Quilino: “Pues poque nun soy diputáu como tú”. Brama el otro, y le dice a “el Llistu”: “Oiga, paisano, ¿en qué mesa hemos comido juntos para que me trate de tú?”. El remate irónico y mordaz deja al político patitieso.

–Bueno, diputáu, yo nun tengo cuenta de que comiéramos xuntos alguna vez porque yo nun como en una duerna...”.

El diputado se indigna y trina por aquella alusión porcina. Y entre bromas y chanzas la cosa así termina.

Ricardo Luis Arias

Aller

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