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¿Adónde vas, Asturias?

1 de Noviembre del 2019 - Antonio Mallo Fernández-Ahuja (Avilés)

Parece que se han llevado los restos del Generalísimo a su nuevo lugar de reposo, ya no sabemos si será eterno o no; el caso es que parece que, como don Rodrigo, el de Vivar, don Francisco sigue asustando a sus enemigos incluso después de muerto. Haciendo memoria, gobernó en España 35 años, más lleva el Partido Socialista haciéndolo en Asturias.

Y ¿qué tiene que ver esto?, pues bien sencillo, mientras hace unos pocos días nuestro presidente –el regional– pronunciaba un discurso en Madrid lleno de buenas intenciones (no lo dudamos) para inyectar algo de optimismo en nuestras gentes, la realidad viene a demostrar lo contrario: Asturias no va, Asturias no va bien. Y esto no es una opinión, es una realidad que dejan patentes las cifras que publican todos los organismos, empezando por el local SADEI que tan acostumbrados nos tiene a ofrecer buenos informes.

Los índices de producción industrial están llegando a caídas de casi dos dígitos, de las peores de España (la cifra de negocios de la industria según el INE está en un -8,9%), las de confianza industrial ídem. En el campo, el número de ganaderos baja y la producción anual de leche (siempre hablamos de forma naturalizada), también. El número de viviendas previstas (o sea, lo que marca el trabajo futuro) marca variaciones anuales de -45% y el turismo, pese a ser uno de los puntales que se quieren promover (a ver si no nos tenemos que arrepentir en el futuro de habernos llenado de chiringuitos por algo que es menos rentable que la puesta en marcha de las nuevas baterías de Arcelor, por ejemplo), en agosto, no muestra variaciones significativas de viajeros. Vendemos menos coches y ampliamos poco el capital de las empresas y en cuanto al trabajo, es cierto que se está reduciendo el paro, aunque de forma muy lenta con respecto a los años de la crisis, pero es que, de los contratos, sólo el 10% son fijos, mientras que el resto (o sea, el 90%) son temporales, cifra muy a tener en cuenta. Y el puerto de Gijón, todavía (y no creo que lo vaya a hacer) no ha encontrado nada para dar uso a la ampliación donde sólo crece la hierba y sus tráficos llevan este año un 7% de descenso. El de Avilés, con menos tráfico, no da señales de un espectacular crecimiento y en líneas generales, pese a lo que se quiera ver para justificar gasto y ampliaciones, simplemente, se mantiene.

Eso sin contar con el problema gordo de la despoblación al que mientras no se afronte, apuntando al verdadero objetivo, no se va a solucionar, ¿por qué una región que no es la más pobre de España tiene los índices de fecundidad más bajos año tras año? Al tiempo, nuestros jóvenes siguen cogiendo el autobús para coincidir en Villalpando camino de Madrid.

Llegados aquí, ¿dónde está la esperanza de Asturias?, ¿cuáles son los motivos para no caer en el pesimismo? Después de cuarenta años, nada ha cambiado para mejor.

Las grandes empresas (y las no tan grandes) van desapareciendo, aquellas empresas que se construyeron cuando el ya trasladado del mausoleo gobernaba en España. Endasa (la Alcoa de hace unos meses) no se cierra, es verdad, pero tan cierto es eso como que no se ha reabierto (el núcleo de la fábrica sigue durmiendo sereno en las cubas electrolíticas); Ensidesa (esta también se levantó gobernando el señor Franco) empieza a dar signos de una fatiga que puede acabar en cierre o adelgazamiento; Hunosa, la vieja Hunosa, también creada en los tiempos de don Francisco, tiene los días contados y solo está limpiando lo que queda de un tiempo olvidado esperando el cierre definitivo. Y hace unos días Vesuvius se vio forzada a pactar una búsqueda de empleo para los trabajadores despedidos que se nos antoja quimérica, ya que el tejido industrial de las Cuencas y de Asturias va dejando de existir a la par que los castaños van tapando los antiguos castilletes.

En fin, a lo mejor es tiempo de que los asturianos, como españoles y ante la consulta del día 10, nos planteemos si queremos seguir otros cuatro años u otros cuarenta viendo cómo se cae a jirones nuestra Tierra o queremos que las cosas cambien.

Antonio Mallo Fernández-Ahuja

Avilés

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