Mala deriva
Que resulta ahora que apedrear policías es un derecho inalienable en un Estado democrático que se precie de ello. Todo universitario, estudiante de Secundaria, profesor organizador de excursiones a la Jefatura de Vía Laietana, CDR, antisistema autóctono o solidario o robamóviles que pase por allí en cualquier manifestación alentada por el presidente de la Comunidad Autónoma tiene el respaldo para levantar los pavimentos y lanzarlos contra los malvados policías que desayunan niños crudos como entrenamiento. Porque los policías son todos malos y ahora resulta que los de su patria también porque ejercen como tales cuando la cosa se desmadra.
Pero no. Es tan romántico y revolucionario ver linchar maderos que la izquierda íbera no puede reprimir sus compulsiones y se congratula de ello, sea cual sea el motivo de la movilización.
Qué pena de generaciones de activistas de haber estado en los sesenta. Igual el dictador no hubiera muerto en la puta cama.
Luego se llevan las manos a la cabeza cuando algún miembro de las fuerzas de seguridad y sus representantes se sienten más respaldados por una derecha hipócrita.
Fui policía en una tierra de conflictos en la que pedradas, pelotazos, voladores, botes de humo, porrazos, etc., no fueron luego óbice para tomar unos cacharros y dialogar.
Siempre fui y seré de izquierda como ciudadano y siempre fui y seré policía neutral políticamente en el ejercicio de mis funciones. Bueno, eso ya no se va a dar, lo de ejercer en mi caso.
Entiendo a quien la arma por defender sus derechos, pero creo que estamos perdiendo el “oremus” y no va a acabar bien la cosa.
Para acabar sólo decir que atendiendo a algunos de los argumentos antes citados mi voto volverá a ser a la contra. No votaré derecha, pero tampoco a quien me desprecia y fomenta el odio.
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