Triste paradoja
Dentro de pocos días volveremos a las urnas en un ejercicio absurdo y peligroso de ver si los españoles se han pensado mejor su voto del pasado 28 de abril. Creo que es jugar con fuego por parte del "presidente en funciones", pues ante el cabreo y desencanto de una parte importante del censo puede salir lo que se evitó en las anteriores: que sume la derecha y nos encontremos con nuevas políticas de ajuste para los trabajadores, desempleados, pensionistas y ciudadanía de a pie.
Porque las reformas laboral y de pensiones siguen en vigor, con una precariedad que hace aumentar cada día los trabajadores empobrecidos, con unas pensiones para las que se fija la subida del 0,25, con el factor de sostenibilidad (rebajar las futuras), y no existe consenso para garantizar la financiación del sistema público, puesto en cuestión permanentemente a través de artículos de opinión hábilmente dirigidos por la gran banca y los fondos de inversión.
Como ocurre en todas las campañas electorales, se oculta la verdadera intención de tomar medidas drásticas para ajustar derechos sociales y recortar aún más el Estado del bienestar, pero las intenciones están claras. Unos porque ya gobernaron, como el Partido Popular, y dejaron heridas; otros porque quieren más España pero para los que ganaron la guerra (Vox), y los de Ciudadanos porque hoy están con la socialdemocracia y mañana con los del Ibex-35, dependiendo de lo que digan las encuestas.
Luego está el PSOE, eterno partido del cambio, que se considera de izquierdas y como tal se presenta ante su electorado. Es socialdemócrata en políticas sociales porque la alternancia de la derecha en el Gobierno ha sido muy conservadora, pero luego no compromete recursos suficientes para desarrollarlas, como ha ocurrido con la ley de la Dependencia, promete mejorar las pensiones mínimas pero solamente las subió Zapatero, dice que va a reducir las listas de espera pero no destina recursos para aumentar las plantillas, está en contra de los desahucios pero no quiere controlar los alquileres.
Nos queda Podemos; brillante su líder, pero inmaduro para esta democracia tutelada por demasiados poderes, que se presenta con los restos del naufragio de IU fagocitada por ella misma, heredera de la lucha antifranquista pero que ha sido la perdedora de una Transición pactada para que no hubiera sorpresas. Aunque, eso sí, sus dirigentes siempre han sido bien valorados, desde Julio Anguita hasta Alberto Garzón. Triste paradoja.
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