Greta Thunberg y Teresa Ribera
Vaya por delante mi admiración y respecto a la causa que Greta Thunberg "lidera" contra el calentamiento global. Chapeau. Ojalá todos los adolescente de su edad (16 años, casi 17) estuvieran igual de concienciados, y no solo ellos, sino también todos los responsables del calentamiento que a todos nos afecta, es decir, a la inmensa mayoría de la humanidad desarrollada o en vías de, sobre todo la presente. Las "quedadas" por ella patrocinadas no logran, para desgracia de todos, juntar más allá de unos pocos de cientos de simpatizantes en cada lugar (véase su periplo por Norteamérica, la prensa dixit). Mal va el tema cuando los herederos de nuestro despilfarro no son conscientes de cómo y cuánto les va a afectar.
Leo en su diario, no con asombro, que a estas alturas de la temporada muy grande ha de ser para que me inquiete, sino con una cierta sorpresa en parte indignada, que la ministra española (en funciones) de Transición Ecológica, Teresa Ribera, se ofrecía para facilitar el viaje de Greta desde Canadá a España con motivo de la próxima cumbre climática a celebrar en Madrid. A lo que parece, uno de los "caprichos" de la adolescente para no viajar en avión es la contaminación que tal medio de transporte emite. Bien por ella. Dicho eso, no tuvo ningún reparo en viajar de Europa a Norteamérica en yate privado de afortunados millonarios, eso sí, apenas contaminante en el viaje (dejando por supuesto de lado toda la huella de contaminación que la fabricación del barquichuelo haya podido dejar, ni de sus instrumentos, ni velamen, ni alimentos, ni... En fin, pelillos a la mar, que no me quiero calentar con su móvil, ordenador, tablet, ropa, viajes, medio de vida y de dónde sale todo ello.
Ahora nuestra ministra le ofrece facilitar su vuelta a la vieja Europa. No sabía (tampoco me importa demasiado) que la ministra citada goza entre sus posesiones de un velero para facilitar la travesía. Si no fuese así, aún es más de admirar que ponga sus propios bienes (estoy refiriéndome a sus dineros) para sufragar el viaje, ya que ni por asomo me atrevo a pensar que va a ir a cargo de todos los españoles el pago de los ires y venires de la señorita Greta. Tampoco sería muy coherente que un velero, con toda su tripulación, velamen y aparejos (y dejamos otra vez de lado el cómo y con qué está construido, amén del equipamiento necesario), se botase solo para ese viaje de vuelta de Greta. Ya que está en la procelosa mar océana atlántica, podría dedicarse a recoger náufragos de esas pateras con que los desarrapados africanos osan atacar el bienestar europeo con sus miserias. Nada, Teresa, si te sobra dinero de tu peculio, dedícalo a botar barcos con que salvar vidas humanas a montón, no a dar caprichosos viajes de placer a adolescentes mediáticas, por muy justa que sea su causa. Hombre, tampoco estaría mal que dedicases tu tiempo y el dinero que nos cuestas a los contribuyentes a solucionar los problemas que de verdad importan a todos tus conciudadanos, eso sí, informándote primero de las consecuencias.
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