Proyecciones sin perspicacia
Asturias importa energía eléctrica: “Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa (...) No entres dócilmente en esa noche quieta. Rabia, rabia contra la agonía de la luz”.
Hace cuarenta años deberíamos haber apostado por aquella estructura formativa capaz de ir más allá de la formación inicial académica a una formación ocupacional permanente dirigida a todos: o bien impartida en la propia empresa o en centros formativos instalados en los polígonos industriales. El departamento industrial de tal estructura formativa sacaba profesionales en activo de la industria para transformarlos en instructores, para impartir cursillos en tecnologías de la automatización de base mecánica (Oleohidráulica –450 horas–, Neumática –-300 horas–) y en tecnologías de automatización de base electrónica (sistemas analógicos de regulación –250 horas–, sistemas de control lógico –350 horas–). Todas impartidas en aulas taller o laboratorios donde la práctica o proyecto era el objetivo, como motivo de la explicación subsiguiente. Aún recuerdo cómo hace cuarenta años llegaban a cada aula de electrónica seis ordenadores Rockwell AIM-65 que algunos profesores (destripándolos y añadiéndoles tarjetas electrónicas) convirtieron en controladores lógicos de automatismos para usarlos con los simuladores de prácticas. Es decir, poco después de la salida al mercado de tales ordenadores en EE UU, estaban en aquellas aulas. Fui testigo de tales hechos cuando yo estaba en el centro La Violeta en Barcelona y asistí a un cursillo de Qbasic con el que se programaba, con ellos, un simulador “transfer” en el centro de formación ocupacional de Hospitalet de Llobregat. Un instructor de “Sistemas de control lógico” dio este microcursillo a otros compañeros instructores en el mes de julio de 1979. Esa estructura formativa fue despreciada por ley y sus instructores dejaron de ser legalmente docentes por no ser del Ministerio de Educación y Ciencia (sectarismo). El Ministerio de Trabajo estaba destinado a gestionar los fondos estructurales europeos de formación, pero no a crecer y realizar su impartición. En Asturias ni siquiera se apostó por la formación de automatización para las pequeñas y medianas empresas porque, en palabras textuales oídas por mí al presidente de una asociación de empresarios de entonces: “Esto está bien para mis hijos, pero no para mis trabajadores” (de nuevo sectarismo). Ahora la UNED descubre minitítulos o cursillos para el aprendizaje a lo largo de la vida.
Hace treinta años se apostó por restaurar el patrimonio y se establecieron multitud de escuelas taller, haciendo una espléndida labor social con algún que otro destrozo cultural. Todo estaba bien, pero no se puede vender la ocupación de “picapedrero/a” como una profesión de futuro. Ahora volvemos a las andadas con la construcción ofreciendo empleo a quienes reciban alguna ayuda social, cuando ya hay muchos empleados que necesitan añadirla, para sobrevivir con su precario salario.
Hace veinte años, cuando ya se sabía la amenaza del CO2, el Gobierno de Asturias se propuso exportar a través de la conexión Lada-Velilla la energía eléctrica obtenida con sus doce grupos de 3.550 MW, con el Aboño III en proyecto. Para ello apostó por la construcción de un gran puerto en El Musel, capaz de traernos carbón para convertirlo en energía eléctrica a través de ciclos combinados con gas natural, motivo de que se construyeran también dos grandes gasómetros. Ahora la construcción esta yerma y el gran acontecimiento es la llegada de algún crucero con cruceristas, a los que se llena con polvo de carbón que se les mete en el ojo. Mientras, se financia la investigación de la procedencia del carbón de la playa de San Lorenzo, porque la subida de las aguas dentro de unos pocos años y las frecuentes tormentas con sus marejadas por el cambio climático no quitan para hacer prioritaria esta investigación después de más de treinta años de estar apareciendo carbón en la playa. Nada sobre una investigación para obtener energía de olas y mareas protegiendo a la ciudad y a sus edificios costeros de baja cota. Más aún, se pretende la construcción de grandes edificios en tales condiciones. Con la juventud marchándose para no volver: ¿para quién o para qué están previstas tales construcciones?
No hace ni diez años la agencia local de empleo contrató a una empresa para que determinase cuáles eran las ocupaciones con más futuro para Gijón, su prodigioso y rentable resultado (dado el monto cobrado por la empresa) fue que las ocupaciones con más futuro eran: “Reponedor/a de supermercados” y “Auxiliar en residencias de ancianos”, por lo que se urgía al establecimiento de formación dual con aprendices en tales ocupaciones. Desgraciadamente los robots ya se hacen cargo de ambas ocupaciones en otros lugares. Ahora un veterano cantante dice que se va a cantar a Madrid porque todos los asturianos están allí. Y una joven música, experta en otras muchas cosas, me dijo al marcharse: “Aquí ya no queda nadie”. Estamos locos: ¿quién va a procrear? Concentramos la productividad en un urbanismo vertical intenso, pero: ¿quién lo ocupará? Si hasta los veteranos se van con la música a otra parte.
Propuestas: conexión a internet por cable para todas las capitales de los concejos de Asturias; construcción en ellas de aparcamientos con plazas para recarga de coches eléctricos, más buenas vías de comunicación entre ellas; parques móviles de maquinaria agrícola y forestal en régimen de cooperativa, con previsión de estructuras para su recarga con hidrógeno: combustible de sus motorizaciones, y, por último, muchas más inversiones privadas sin subvenciones en: robotización, automatización, investigación aplicada e inteligencia artificial. Si les parece bien a los hijos de aquellos otros.
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