Debate electoral sin tensión
Reunión de los “cinco tenores” de la política española en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid, con Vicente Vallés y Ana Blanco oficiando de anfitriones.
Máxima atención del debate-mitin de Rivera, Abascal y las tres virtudes: Fe de Sánchez, en que saldrá nuevamente elegido; Esperanza de Casado, en desbancar al socialista, y Caridad de Iglesias, en conseguir que, por fin, Sánchez le dé el “sí, quiero”.
Pedro Sánchez, el del frente popular Frankenstein (cosas de Alfonso), mirada baja, frío, tenso, de las 73 veces que fue interpelado, no contestó 73 veces. El motivo: la mayor parte del debate estuvo jugueteando con su rotulador Pilot, enfrascado en la solución de un autodefinido que se había traído de casa (edad de 5 a 12 años). Se había atascado en la vertical 1, de tres letras, “¿Cuántas naciones hay en España?”. Y no había manera, oye.
Convirtió el debate en un mitin en su propio beneficio, ignorando (casi) a sus opositores, y aprovechando el espacio y la audiencia, para desglosar promesas y más promesas, a seis días vista de las elecciones.
Frases humorísticas: “Me llamaron ‘por teléfono’ miles de exiliados republicanos desde México agradeciéndome el desentierro del dictador”. “Propongo que gobierne la lista más votada”. “Subir el salario mínimo igual en toda Europa”. (¡A que no tiene el doctorado en Economía!).
Casado ganó el liderazgo centro-derecha por la “incomparecencia” de Rivera, y mantuvo firme y bien preparado su discurso. Metió en aprietos a Sánchez (distraído con el autodefinido) en más de una ocasión.
Frases humorísticas: “Ampliar las exenciones a autónomos de 12 a 24 meses”. “Debemos ir con un ‘sobre’, la papeleta y mil euros dentro para votar a Sánchez”.
Pablo Iglesias pecó de actitud mendicante, suplicante, bochornosa y desesperada, pidiendo reiteradamente gobernar en coalición con Sánchez, quien, bloqueado en su autodefinido (vertical 1, tres letras... ¡maldita palabra!), ni le prestó atención.
Iglesias, que no es tonto, demuestra tener dos objetivos, distantes y distintos a la vez: 1) gobernar con Sánchez, con ministerios relevantes; 2) tirar a Sánchez en brazos de la derecha, y quedarse en exclusiva con el espacio de izquierdas. Bien visto, Pablo.
Frases humorísticas: “No conozco a ningún banco que perdone créditos a las familias”. “Como dice el artículo 50 de la Constitución, subida de las pensiones de acuerdo con el IPC”. ¿Eh?
Rivera estuvo grogui, al borde del K.O., agobiado por el peso, en caída libre, de su proyecto de derecha liberal. Me gustaría conocer en detalle la intrahistoria de ese pedazo de adoquín (me refiero a la piedra, y no a Rivera) y, sobre todo, cómo pudo pasar el cacheo y arco de seguridad al que sometieron a todos los presentes.
Frase humorística: “Abrir más el comercio, más libre comercio; que podamos vender nuestros productos en el exterior, porque son magníficos”.
Como final, alguien tuvo la feliz idea de despertar (ya vale) a Franco. Y, mira por dónde, decidió darse una vuelta por el pabellón, disfrazado de Abascal (el caballo lo dejó en la puerta). Habló de España y los españoles, de la aplicación de la ley, violencia de género, ley de Memoria Histórica, suspensión de la autonomía catalana, orden en las fronteras, acabar con las autonomías... bueno, lo ya conocido de la ¡Una, Grande y Libre!
Según sus seguidores, podía haber salido a hombros del pabellón, pero, después de lo del Valle, dos veces en tan poco tiempo, después de 40 años, hubiera sido demasiado.
Con un Iglesias vetado, un Rivera hundido, un Abascal radicalizado, un Casado en alza y un Sánchez distraído en la nada, las perspectivas son hastío, susto o muerte. Nos queda votar a Sánchez, sin ignorar que nuestro voto puede terminar en un pacto de investidura... y de legislatura, con el PP-Cs-Vox. O bien votar a Casado, sin perder de vista que, “por razones de Estado y viva España”, podemos estar invistiendo a Sánchez... Uf, creo que me estoy liando, mejor me concentro en resolver un autodefinido.
Saludos cordiales,
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