¡Los fármacos van a bajar y a subir!
Hace un tiempo, una lectora de Tarrasa publicó una "Carta" en LA NUEVA ESPAÑA en la que decía que los fármacos de copago escaseaban, que, a veces, desaparecían temporalmente de las farmacias y que mantenían un precio estable, o rebajado; lo cual sería tan oneroso para el fabricante como ventajoso para las administraciones públicas. Estos hechos fueron corroborados por algunas farmacias de Oviedo. Cuando había un desabastecimiento de un fármaco de copago se podía conseguir el mismo principio activo de otro fabricante, pero tan solo cuatro horas por semana y solo en la farmacia del ambulatorio del Sespa en Pumarín.
Tal estabilidad en los precios de los fármacos de copago (de los que la Administración paga el 90%) contrasta con el continuo y notable incremento de los fármacos de pago total (de los que la Administración paga el 0%). Por ejemplo, algunos de lágrimas artificiales, necesarios para el ojo seco, y no solo para el síndorme de Sjögren, para el que sí rige el copago, han subido en los últimos años cerca de un 30%. Por su parte, unas tabletas antiácido estomacal no subieron propiamente su precio, pero rebajaron su número de 48 a 42 por envase, lo que supuso un alza de un 12,5% de su coste, lo cual no impidió que posteriormente fueran, además, subiendo su precio. Ambos productos cuestan ahora unos nueve euros, cuando bien podrían ser objeto de copago. También hay presentaciones de lágrimas artificiales que cuestan 16 euros. ¿Quién decide qué fármacos son necesarios, en qué situaciones clínicas y cuáles no?
Hay quienes malician, incluso personal de farmacia, que ese juego entre fármacos de copago y de pago total obedece a una entente cordial entre fabricantes y administraciones públicas. ¡Vaya lo uno por lo otro! Al final, el que acaba pagando es el jubilado, y todo el que compra fármacos.
En estas fechas preelectorales se ha filtrado en los medios que el Gobierno va a bajar el precio de los fármacos de copago y que eso va a suponer un desembolso público de millones, y se citan algunos productos, entre ellos el antiinflamatorio ibuprofeno y el protector de estómago contra una excesiva secreción ácida omeprazol; estos dos le cuestan hoy al jubilado solo 20 céntimos por envase, y otros no mucho más, por lo que su aireada rebaja no contribuiría gran cosa a la reducción del gasto, si a fin de mes la suma del coste por pago total es, por ejemplo, de 20 euros. Por lo cual, y teniendo en cuenta los antecedentes, cabe esperar que las empresas farmacéuticas se resarzan subiendo el precio de los fármacos de pago total, y las administraciones, mediante el cobro del IVA, entre un 4 y un 10%, de la previsible subida de estos.
Nos encelan con que los fármacos van a bajar, cuando cabe temer lo contrario. ¡Esperemos y veamos!
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