La mentira de destrucción masiva
La mentira sobre las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak llegó hasta España, que se involucró con Estados Unidos en una guerra para el control del petróleo, dejando destruido y sumido en el caos a un país que no suponía un peligro. La mentira sobre la corona catalano-aragonesa, introducida en los planes de estudios, ha sembrado sentimientos nacionalistas al servicio de una clase política, y aún no sabemos cuáles serán los resultados finales. Las mentiras electoralistas confían en el olvido de la gente, ya que el presente -este presente- irrumpe como el caballo de Atila, arrasando el pasado lejano y el cercano.
Las mentiras religiosas han bloqueado el conocimiento de Dios para que los pueblos lo busquen en el poder eclesiástico, obstruyendo la iniciativa personal que Dios espera de cada uno de nosotros. William Tyndale quiso dar a conocer la Palabra de Dios a la gente traduciéndola al inglés -solo existían versiones en latín-; después de huir y esconderse en Amberes para producir unos miles de ejemplares, fue localizado y sacrificado en la hoguera.
Seguramente, Tyndale sabía lo que Jesús dijo en una oración a su Padre: "Santifícalos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad" (Juan 17:17). Se trata de un proceso para poner aparte (santificar para) a quienes hayan de servir a Dios según la verdad. En ese proceso, aplicando los principios expuestos en la Palabra de Dios, somos recuperados como seres creados a Su semejanza (semejanza no física, naturalmente, sino moral y espiritual). Esa recuperación nos protegería de caer al abismo de la mentira, pero... ¿quién quiere la verdad en esta generación?
Estamos viendo una deriva hacia el materialismo, la corrupción -sobre todo, en política, abarca muchos aspectos, malversación, derroche del gasto público para comprar votos, amiguismo o cuñadismo, etcétera-, la inmoralidad, el vicio y el crimen de todo género, dando a todo eso un marchamo de naturalidad. Quien quiera la verdad tendrá que ser valiente en este sistema. Jesús ya lo advirtió: "Les he comunicado tus palabras, pero el mundo los ha odiado porque no son parte del mundo, igual que yo no soy parte del mundo" (Juan 17:14).
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