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Por Noreña nunca pases de largo

6 de Noviembre del 2019 - Ceferino Suárez de los Ángeles (La Callezuela (Illas))

Nunca había estado en Noreña hasta que, en el año 66 del siglo pasado, conocí Noreña. Un día había oído con sorpresa a un vecino que para él la capital ideal para Asturias sería Pola de Siero o Noreña. Parece ser que para él estas eran las villas más cosmopolitas, donde todos se podían encontrar a gusto, fuesen del Oviedo o del Sporting, de izquierdas o de derechas. A mí me había extrañado esta afirmación entonces. Pero la verdad es que la realidad vino a confirmar esta proposición de mi vecino. En 1966 me enviaron al Instituto de Noreña. Y la realidad pronto me sorprendió, dándole la razón a mi vecino.

Estuve en Noreña desde el 66 al 72. Años de acontecimientos y cambios. Fueron años intensos y de emotivos sucesos y acontecimientos. Y, aunque para mí no se presentaran muy hilados unos con otros, la verdad es que para aquellos alumnos eran inesperados y siempre novedosos. Pero, pasados los años, y después de tantas revoluciones, uno comprueba que ellos no se quedaron en el umbral de nada y que contemplaron y respondieron adecuadamente. La mayoría de ellos se abrió a lo más razonable y en un principio recibió la participación comunitaria como don. Más tarde entraríamos en una época de incertidumbre. Pero creo que nunca se resignaron. Hoy no encuentro gente como aquella para afrontar tanto reto. Noreña tenía por entonces verdaderos tesoros escondidos.

Hemos tenido sentidas pérdidas por el camino (Baragaño, Sergio, J. Manuel, Coya, Vega-Peón, Víctor, Lavín, Quince, Eiris, Castañón, Marino…, que yo ahora mismo recuerde). Son quienes nunca hemos de olvidar. Pero tampoco nos sorprende encontrar hoy en Noreña y alrededores una mayoría con los pies en tierra y con la cabeza tan bien enriquecida: Mario, Reguero, Valdés, Olay, Blanco, Riestra, Junquera, Rato, Estévez, Quince, Gonzalo, Javi, Loredo... y un larguísimo etcétera.

A lo largo de mi vida pasé luego por bastantes institutos: Pérez de Ayala, en Oviedo; Juan de la Cierva, Mariana de Austria, San Cristóbal de los Ángeles, Simancas, Emilia Pardo Bazán y San Mateo, en Madrid. Pero, pasados los años, la espiral de mi vida torna a mis primeros alumnos de Noreña. Han pasado los años. Han cambiado la metodología y la pedagogía. Y hoy el principal tema parece ser el aprendizaje (cómo nuestros alumnos aprenden). Hasta de lo analógico hemos pasado a lo digital, de lo real a lo virtual. Pero no todo ha cambiado. Hay un puente entre el hoy y aquellos años en Noreña. Y para mí ese puente es la ética, el conocimiento, el compromiso y la solidaridad con los que hacen frente e intentan responder a la preocupante realidad asturiana y española. Los encuentros tenidos últimamente me alentaron. Comprobé que a la mayoría le preocupa tanto el que la humanidad sea más humana como el alimento del espíritu.

Y, aunque Noreña tenga otras muchas riquezas, esta es razón suficiente para que por Noreña nunca pases de largo.

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