Claridad y confianza, ¡lo que escasean!
Con la ley de Claridad, Canadá ha canalizado su problema, el problema que tiene con Quebec. El problema no ha desaparecido. Posiblemente, los quebequenses continúen deseando la independencia. La ley no prohíbe un nuevo referéndum, pero canaliza la actuación antes de prepararlo y después en función de los resultados.
Me ha parecido que algunas personas influyentes, entre ellas creo que Javier Cercas, piensan que la solución que funcionó allá no funcionaría aquí por diferentes motivos:
1. Porque no tenemos un líder brillante y valiente, capaz de proyectar los canales.
2. Porque algunos independentistas lo aceptarían como una compensación, para abandonar la vía unilateral. Sin autocrítica. Y eso sería un mal cierre del proceso.
3. Porque muchos independentistas de la Cataluña interior no aceptarían esta solución. Pues deberían aceptar que, si España es divisible, Cataluña también. Y eso de Tabarnia ya no sería una broma.
A pesar de los inconvenientes señalados, cuando Torrent, el presidente del Parlamento, propuso el “Pacto de Claridad”, hubo alguien que dijo: “¡Este es el camino!”.
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