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Seguimos sin aprender nada

7 de Noviembre del 2019 - Alejandro González Lada (Urbiés)

Mediado el primer tercio del siglo XX, mientras en España los republicanos luchaban contra el fascismo europeo, los países de nuestro alrededor, pese a presumir de ser democracias consolidadas, nos daban la espalda y nos dejaban a nuestra suerte. Esas democracias conservadoras, aun conscientes del peligro que representaban nazis y fascistas para sus países, se mostraron tolerantes con los desmanes y maniobras de estos, mirando hacia otro lado si era necesario, dejando en manos de bestias la vida de esos ciudadanos. A esas maniobras tan desafortunadas se las conoció como "políticas de apaciguamiento", que, lejos de ser políticas, fueron algo más que concesiones hechas por Francia y Reino Unido para evitar un conflicto irremediable. Insisto, conflicto que ya había estallado en España, en donde nazis y fascistas estaban probando el material bélico como un mero ensayo ante los acontecimientos que se presagiaban.

En el periodo de preguerra, Hitler firmó pactos con todos: Inglaterra, Francia, Dinamarca, etcétera. El ridículo de estos acuerdos es tal que con Polonia firma una alianza en 1934 para defenderse de la URSS, la invade en 1939, y acuerda con la URSS un pacto de no agresión, repartiéndose Polonia entre los dos.

La Historia nos cuenta que fuera de nuestras fronteras (y salvo la raquítica aportación de la URSS) los únicos que se preocuparon por la suerte de nuestra república fueron personas anónimas, aquellos-as que formaron parte de las Brigadas Internacionales; ese colectivo es el único haber del que pueden aún hoy presumir las democracias extranjeras.

Todo esto a lo que hago referencia era hasta hace bien poco innecesario comentarlo, era historia y de conocimiento público, pero hoy en día vemos cómo desde ciertos ámbitos trata de reescribirse la realidad, y eso es algo intolerable.

No hace una semana vimos un debate entre los candidatos a presidir el Gobierno y, salvando las diferencias y el escenario, volví a escuchar un discurso fascista ante la impasibilidad de todos los demócratas (¿presentes?): “Los extranjeros nos roban”, “hay que prohibir partidos políticos”. El elemento fascista se dedicó a repetir rancias soflamas propias de estos neandertales, y mientras tanto los “demócratas de izquierda, derecha y ¿centro?” permanecieron impasibles, igual que Neville Chamberlain y Albert Lebrun en los tiempos previos a la II Guerra Mundial. Yo lo que me pregunto es: ¿en qué estarían pensando los candidatos a presidir el Gobierno mientras el fascista explayaba bulos, se inventaba mentiras y, en definitiva, insultaba a los presentes? ¿En realidad me están tratando de convencer para que vaya a votar y no tienen las agallas suficientes de machacar con la verdad a un impresentable referente del franquismo?

No tengo la más mínima duda de que la situación después de las elecciones seguirá con el mismo equilibrio entre la izquierda y la derecha, pero lo que veo inadmisible, intolerable, inaceptable y digno del más rotundo repudio es esa permisividad que desde la prensa y hasta los mismos partidos políticos están mostrando hacia el neofascismo. ¿Cómo se atreven a presentarse como candidatos a presidir un Gobierno democrático y aguantar tantas sandeces de boca de un paleto de feria? Por supuesto que los principales culpables de esta situación son el Partido Popular y Ciudadanos, culpables del blanqueo por esa ansia de copar poder a cualquier precio, pero no es menos cierto que situaciones como la vivida el pasado lunes ayudan para que esto vaya a más. Sigan a este nivel, sigan tolerando, sigan contemplando, parece ser que la Historia a ustedes no les enseñó absolutamente nada, da igual que exhumen a una momia o intenten dignificar a represaliados, cuando no son capaces de atajar el fascismo y su reala, los indecentes mentirosos, ansiosos de exterminar la democracia tal y como la conocemos, para retroceder hasta los tiempos más oscuros y sangrientos de nuestra Historia.

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