El minero que rompió viejos moldes sociales
Si Aristóteles dijo aquello de que el hombre es un animal social, es evidente de que quiso decir que todos deberíamos vivir unidos socialmente, en sociedad. Pues bien, desde entonces hasta aquí tenemos esa sociedad que ni ayer ni hoy está unida, sino todo lo contrario, porque faltan los dos ingredientes más importantes para conseguir esa unión, como lo son la convivencia y la solidaridad, tan necesarias para unir y hermanar a pueblos y gentes. Como consecuencia de la falta de esos dos ingredientes, la sociedad ha quedado dividida en tres clases: la de los ricos y poderosos, que son los que mandan en el mundo; la sufrida clase media, la más azotada por los fuertes vendavales sociales y económicos y la no menos sufrida clase humilde y trabajadora, con tantísimos casos de necesidad, falta de trabajo, vivienda y de lo más necesario para poder vivir dignamente. Y con este injusto y desigual bagaje vamos todos en el tren de la vida, los privilegiados en primera clase y los demás en segunda y tercera clase.
Aquel clasismo injusto y deshumanizado con los viajeros de tercera clase, los obreros y los trabajadores, no eran nada ni contaban para nada entonces de tan evidente injusticia social. Hasta el extremo de no poder vestir las mismas ropas que las de los de primera y segunda clase, verbigracia, traje, camisa, corbata y zapatos.
Sorprendente, ¿verdad? Pues bien, fue un minero allerano, de Moreda, el que rompe esos viejos y absurdos moldes sociales al vestir esa ropa "¿prohibitiva?", de la primera y segunda clase social, lo que resulta verdaderamente asombroso. Porque se da la circunstancia de que el minero "rompedor" es una persona culta, con clase y perca, dotada de buena presencia. Ese minero allerano se llama Jesús Labayos, que trabajaba en la Hullera Española, desempeñaba a su vez un importante cargo sindical, en el que llevó a cabo una ejemplar labor en defensa del trabajador, allá por los años 40 y 50.
Chus Labayos, elegante y fardón él, solía pasar los domingos en Mieres, en donde llegó a codearse y tener amistad y relacionarse con la crema masculina y femenina de la villa de Teodoro Cuesta. Creo que alguna fémina suspiró por él, que siempre dijo que era minero, de lo que se sentía y siente muy orgulloso.
A Jesús Labayos, hoy, a cuestas con sus 86 años cargado de recuerdos, se le puede ver todas las mañanas en un céntrico lugar de Moreda, viendo cómo pasa la vida y la buena gente que le aprecia. Chus Labayos es recuerdo vivo y ejemplar de la rica historia de la minería allerana.
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