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La mujer ayer y hoy

11 de Noviembre del 2019 - Ricardo Luis Arias (Aller)

Siempre he sentido por la mujer un gran respeto y admiración, una gran simpatía, porque ella es lo mejor y más perfecto y bello de la especie humana, de la que ella es transmisora de vida. Solo por esto, uno considera a la mujer superior al hombre. Y pensar que hoy existen bestias y canallas, verdaderos hijos de perra, que no sólo agreden y maltratan a la mujer sino que la matan y hasta asesinan salvajemente. Protestas y manifestaciones en la calle todos los días, pero las leyes represoras siguen siendo las mismas. Vergonzoso e inexplicable.

Esta barbarie contra la mujer hoy no ocurría ayer, pero sí ocurrían otras cosas y hechos porque la mujer fue tratada y considerada por el hombre lo que era para él, esa compañera de viaje en el tren de la vida para compartir viaje y dar continuidad a la especie humana. Y entonces, ayer, la mujer tenía una vida oculta, ignorada y sacrificada en el hogar, en el que más que ama y señora era una vulgar criada. Porque la compleja y pesada carga que un hogar representa (entonces, además del trabajo de limpieza y guisoteos, cuidado y crianza de los hijos, que solían ser bastantes y muy seguidos), mientras el marido se pasaba la mayoría del tiempo fuera de casa, de alterne con amigos, por bares, cafeterías, clubes o casinos. Esto último era la vida social de los ricos y poderosos, algunos con un piso y en él, una amiguita lujosamente tratada, lo que estaba hasta bien visto por aquella alta e hipócrita sociedad. Digamos mujer sucia sociedad.

La mujer, en aquel tiempo pasado, no era nada ni nadie, no tenía derecho alguno, ni a votar en un sufragio electoral. La mujer era algo así como un objeto a disposición siempre del hombre. Pero como la vida es tiempo que todo se lleva y cambia, he aquí que hoy, en pleno siglo XXI, las cosas han cambiado de tan asombrosa manera, que la mujer se está desquitando a base de bien de aquel injusto y machista pasado. Hasta el extremo de estar desbancando al hombre de los altos puestos políticos, empresariales, abogacía, judicatura y hasta en el Ejército. Bueno, en esto tenemos cierta discrepancia porque la mujer no nos parece bien desfilando entre hombres con un fusil al hombro y menos aún disparar y haciendo la guerra con él. Ni tampoco, como hemos tenido en nuestras cuencas trabajando en la mina. Porque hay trabajos y cometidos que son impropios para la mujer, que la hacen perder feminidad, que es parte importante de su encanto y belleza, de esa aureola tan hermosa que la diferencia del hombre porque la mujer, para uno, todas son bellas y hermosas, dotadas de esa otra belleza espiritual que irradia esa aureola.

En el terreno político, hoy, la mujer está en la cima. Aquí, en Europa, ahí tenemos a la alemana Merkel, que es el alma de la UE, y ayer a la Thatcher, la "dama de hierro" que encumbró a un Reino Unido que unos cantamañanas que están desprestigiando ahora y sacado de la UE. En más de una ocasión hemos dicho aquí, en LA NUEVA ESPAÑA, que llegará un día en el que la mujer gobernará el mundo, en cuya gobernabilidad ha fracasado el hombre. Y se acabarán las guerras, el terrorismo y cuanto hoy contamina, empobrece y enfrenta a todos los humanoides de este planeta Tierra.

Sí, la mujer bien se está desquitando de aquel vergonzoso pasado machista. Por lo pronto, ya nos han quitado los pantalones que ellas se ponen más que las faldas. Abundando en el desquite, quizá la mujer nos obligue a ponernos su falda, que si resulta ser la tentadora minifalda vamos a estar preciosos y nos llevarán a la pasarela. ¡Qué malos tiempos aquellos, abuela!

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