Rechazo al golpe de Estado en Bolivia
Escribimos una nota el viernes en LNE que enseguida fue superada por los acontecimientos del domingo en que se consumaba el golpe que estaba gestándose desde febrero.
El prestigioso politólogo Noam Chomsky denunció que EE UU está detrás del golpe de Estado para derrocar al presidente Evo Morales, y que el centro de operaciones de la Embajada de Estados Unidos en La Paz ha dejado entrever dos planes en el país sudamericano: "El 'plan A', un golpe de Estado, y el 'plan B', el asesinato de Morales".
Lo ha sintetizado muy certeramente el electo presidente de Argentina, Alberto Fernández: "En Bolivia se ha consumado un golpe de Estado producto del accionar conjunto de civiles violentos, el personal policial autoacuartelado y la pasividad del ejército. Es un golpe perpetrado contra el presidente @evoespueblo, que había convocado a un nuevo proceso electoral".
Luego se han visto imágenes quemando la bandera wiphala o arrancándola de sedes oficiales.
Pues sí, además de los actos racistas explícitos, además de las quemas de oficinas del tribunal electoral, secuestro de familiares de ministros y senadores, humillación de alcaldesas en la vía pública, saqueo de casas de la hermana del presidente o del propio Evo Morales con la complacencia de la policía y el ejército, además, aunque nos suene extraño, está la retirada y quema de banderas de los 7X7 colores, la wiphala de los pueblos indígenas, que ha estado ondeando en sitios oficiales y representa de forma certera al Estado Plurinacional que reza y reconoce la Constitución boliviana ahora mancillada.
Y sí, el líder de la asonada, que se reunió abiertamente con los mandos policiales y militares para conseguir su apoyo, para actuar de forma directa con grupos de choque, aterrorizando a diestra y siniestra, es un empresario ricachón, misógino, racista, machista, fundamentalista religioso que está señalado de gestionar cuentas en paraísos fiscales, que cita a Pablo Escobar para amedrentar a quienes no le sigan la corriente golpista, dueño del Grupo Empresarial Nacional Vida, S. A., que posee inversiones en compañías como Conecta, Tecorp, Xperience, Fenix Seguros, además de Nacional Seguros Vida, del proyecto de Clínica Metropolitana de las Américas.
Y una de sus acciones, rodeado y protegido por policías, ha sido arrodillarse en el Palacio Quemado, quitar la wiphala y colocar junto a la tricolor boliviana... una Biblia.
Es un misterio por qué el gobierno de Evo Morales confió la auditoría a la OEA y desde luego una metedura de pata grave: el informe que la OEA lanzó a los medios fue la puñalada y el desencadenante que generó mayores focos de violencia.
Evo Morales ha renunciado, presionado por el mando policial y a petición expresa de los generales, y ha estado tratando de evitar una masacre en las calles. Sebastián Piñera lleva más de 25 muertos y ahí sigue, igual que Moreno en Ecuador, con 11 muertos por la represión gubernamental, o el presidente de Haití Jovenel Moise, con 40 muertes.
Quién está perdiendo es el pueblo boliviano, las conquistas sociales de este tiempo, y que ahora tendrá que luchar contra la escalada fascista, racista y misógina. Los que humillaron y amarraron, los que saquearon las sedes de las organizaciones indígenas y campesinas y quemaron la wiphala, los que asediaron canales de TV y embajadas... en algún momento habrán de responder.
El golpe de Estado de la derecha empresarial, fundamentalista y racista en Bolivia sigue su desarrollo. Es un golpe contra todo el proceso social que han desarrollado cientos de organizaciones sociales, indígenas, comunidades que son las que encarnan el carácter plurinacional del territorio boliviano. Por ello, los sectores reaccionarios atacan a las organizaciones sociales, queman las sedes sindicales y a quienes son parte de ellas.
Que el golpe se haya planificado y promovido en el país con mejor situación económica y crecimiento reconocido, que beneficia a todos los sectores empresariales y "reparte" un poco de esa riqueza con las poblaciones bolivianas, da a entender que dichos lucros empresariales no tienen límite en las ambiciones por conseguir más y más, y que los sectores sociales que lograron autoestima, reconocimiento y derechos en este periodo se encuentran perplejos por la dimensión de la violencia racista que amenaza por los diversos departamentos del Estado Plurinacional de Bolivia.
Las declaraciones y acciones del empresario Camacho denotan una sed de venganza tremenda, incitando a "anotar los nombres de los traicioneros de este pueblo porque queremos que el día de mañana vayan presos"... rencor y odio que son las prácticas de sus seguidores, como se ha podido evidenciar en la acción bárbara contra la alcaldesa de Vinto, Patricia Arce, que fue agredida, embadurnada, rapada y humillada en plaza pública.
Nuestra solidaridad con el pueblo boliviano, repudio al golpe de Estado orquestado por la derecha extrema, la oligarquía y grupos económicos. Exhortamos al respeto a los derechos humanos en apego a tratados internacionales.
Seguiremos honrando las wiphalas de los pueblos indígenas.
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