El abrazo
"Bien está lo que bien acaba". Más allá de las discrepancias, tacticismos, egos, descalificaciones y más "barbaridades" que en la política hay que soportar, para eso somos mediterráneos, es indudable que la izquierda en su conjunto debe felicitarse o, si queréis, respirar profundamente por el preacuerdo alcanzado en 48 horas por el PSOE y UP para formar Gobierno.
Queda todavía un tortuoso camino para atraer y convencer a grupos minoritarios en el proyecto. Todo apunta a que esta vez sí, aunque el conflicto catalán seguirá siendo el gran escollo.
No obstante, las cartas están ya repartidas: Al PP le han tocado las cartas marcadas, porque no le va a quedar más remedio que ejercer de oposición responsable y, por tanto, desmarcarse de la extrema derecha neofascista, si no quiere que esta le continúe comiendo el terreno. Es fácil, deben aprender de sus hermanos europeos.
Lo de Cs, hasta que no llegue su congreso y debate interno, no vamos a saber cuál será su nueva línea política o, lo que es lo mismo, cómo podrán sobrevivir, después de que su exlíder les llevara a la irrelevancia.
Las escenificaciones están bien en política. Con el tiempo han devenido en elemento sustancial de la misma, pero a mí los abrazos me chirrían, me incomodan. No puedo sustraerme a la sensación de impostura, de cierta falsedad, de apariencia de lo que no es. Insisto, es un sentimiento personal que me cuesta valorar.
En mi dilatada vida política (32 años) he interactuado con ministros, secretarios de Estado, gobernadores, diputados, senadores, alcaldes... He firmado acuerdos en temas sanitarios o de servicios sociales... Siempre he huido del abrazo. Siempre he creído que estrechar la mano es signo suficiente, primero de educación y luego de compromiso, acuerdo o lo que queramos institucionalmente. El abrazo me lo reservo para mi familia y amigos. No oculto que esta posición no suele ser compartida y por ello algunos me llamaban "el cardo". Pero uno es como es.
En todo caso, larga vida, suerte y acierto al primer Gobierno de coalición en los 40 años de democracia en España.
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