El muro de Berlín
He aquí una fecha importante y memorable para el mundo mundial, que en Europa vino a ser comienzo de paz y de unidad: el 9 de noviembre de 1989, fecha en la que fue derribado el muro de Berlín, un muro de ignominia y de vergüenza. Treinta años han transcurrido desde entonces, de una Europa sangrante y destrozada, convertida en una ruina, después de la II Guerra Mundial. Que no ganó nadie, porque en los conflictos armados no hay vencedores ni vencidos, solo destrucción y muerte. La caída del muro de Berlín fue el principio de otra caída: de un comunismo cuyos locos y criminales dirigentes, sobre todo Stalin, fueron unos genocidas que invadieron pueblos y las muertes que causaron se pueden contar por millones.
Antes, otro loco y genocida alemán, Hitler, causante y provocador de la II Guerra Mundial, asesinó también por millones en sus campos de exterminio, sobre todo a judíos. Si el comunismo ruso fue criminal, no lo fue menos el nazismo alemán. Por eso, tanto Stalin como Hitler son responsables de las mayores matanzas y exterminio habidos en la humanidad. Y como tales son recordados con asco y desprecio en los sucios sótanos de la historia. Con el derrumbe del muro de Berlín se vino abajo el telón de acero y la guerra fría dejó de ser una amenaza de otra guerra peor.
Tres años antes, en 1936, el nazismo alemán y el comunismo soviético ruso aprovecharon nuestra guerra fratricida para enfrentarse y probar en ella su armamento y aviación, que luego emplearían en la II Guerra Mundial.
Hoy, después de aquel trágico y sangriento pasado, Europa es una nación de naciones unidas, en la que se acabaron las guerras para siempre. Bueno, tenemos una pero es comercial, promovida por el esquizofrénico presidente USA, el muy puñetero, que terminará saliendo de la Casa Blanca a patada limpia en el trasero.
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